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¿QUÉ ES LA LEY DE ANALOGÍA?

Por Maximiliano Corradi


La ley de la analogía es un aspecto dentro de la ley de causa y efecto. Este aspecto parcial en la ley de causa y efecto es la causa misma y no el efecto. El hombre que se observa a si mismo muy pronto se reconocerá a si mismo gracias a esta ley. La ley de la analogía enseña por lo tanto: tal como tú sientes, como piensas, como hablas y vives así eres tú. Si estás excitados cuando otra persona te dice algo que quizás sea incomodo para ti, entonces la ley de la analogía te enseña a reconocerte a ti mismo, no digas que es el prójimo, sino di: soy yo.
Un ejemplo práctico: si te encuentras con un conocido, te acercas a él con amabilidad. De repente sientes que el conocido no tiene buenas intenciones contigo, o simplemente “se desubica” con algún comentario, o algún gesto, o con su mirada. Te empieza a reprochar tu falta de amor, te menciona todas tus faltas y debilidades. El cree que muchas de las cosas que hiciste están mal. Este es el punto: ahora depende de ti cómo reaccionaras. Si estás excitado, o si te enfadas intensamente, en las palabras, o en los pensamientos, si se produce una disputa, si te empiezas a defender por el solo hecho de “justificarte”, deberías pensar: aquí me reconozco a mi mismo. Mi prójimo sólo me dio el impulso para que me reconociera a mi mismo. Eso que me ha irritado en mi prójimo, es algo parecido que está todavía en mi persona. El sólo tocó mis causas, mi propia analogía. En el mismo momento en que otra persona viene hacia ti, y te habla en forma inarmónica, o simplemente no como tú lo esperas, la ley de la analogía entra en vibración. El punto es que al irritarte por algo que movió tu prójimo, no estas haciendo ninguna clase de “enmienda”, sino que estas devolviendo, justificando, lo que actúa internamente todavía en ti. Es por eso que para un hombre que le guste ser el centro de atención, no hay nada peor, otro hombre parecido, análogo, a esa forma de comportarse. Lo mismo sucede para un avaro, no hay nada peor que otro avaro. Las analogías, los aspectos sombríos de nuestro carácter, chocan con los frentes de tormenta con las analogías del prójimo.

De manera que la ley de la analogía se corresponde con la persona: por su forma egoísta de pensar, hablar y obrar, ha introducido esta ley en sí misma. Con su modo de sentir, pensar, hablar y obrar cada cual ha programado y programa su consciente, su subconsciente y también su alma. De ello resulta la personalidad humana, que consta de los programas y procesos para la vida terrenal, de los programas de percepción para la existencia terrenal y de los programas de los pecados (modalidades de ser lejanas al amor unitivo en toda forma de vida), que a su vez se corresponden con la persona.
Cada cual vive, obra y trabaja con los programas de percepción que determinan los procesos de la vida diaria. Los programas de percepción y de las analogías forman, vistos globalmente, el estado de consciencia actual de la persona. También forman parte de éste los aspectos de la consciencia que han vuelto a ser desarrollados, la parte del alma que ya es libre.
La ley de la analogía de una persona no es la ley de la analogía de otra. Cada cual siente, piensa, habla y obra de acuerdo a su ley específica de percepción y de la analogía, de acuerdo a su estado de consciencia. Con ello trabaja, y con ello influye también de muchas maneras en la otra persona, para proyectar en ésta su analogía, su opinión. Si la una tiene éxito en sugestionar su opinión a la otra, proyectándola en ésta última, podrá determinar sobre aquella a la que ha impuesto una parte de su analogía; pues gracias a la programación lograda, se ha creado un canal para ejercer influencia. La persona que ha influencia do -es decir programado a la otra mediante una hábil sugestión, se ha convertido, en lo que respecta a su potencial de cargas, en una parte de la otra. Dicho de forma personalizada: lo que se correspondía conmigo, por la sugestión habida ahora se corresponde también contigo. Entonces la programación, o sea la manipulación, ha resultado. Como consecuencia, el carácter de la persona que influencia a otra -y con ello una parte de su destino- está entrelazado con el del prójimo, pues este proceso se ha introducido también en los planetas de registro de los cosmos de la Caída.

El ego de una persona sólo podrá ejercer influencia en sus semejantes, hasta que éstos dejen de rendir tributo a su propio ego humano, y eleven su consciencia cada vez más a Dios. La forma más rápida de que lo inferior abandone al ser humano es que éste se confíe a Dios en cada situación. (continuara…)


Maximiliano Corradi
DNI: 27.090.991
ivanmeden@yahoo.es
www.vida-universal.org

Email del Autor: ivanmeden@yahoo.es
Página web del Autor: http://www.vida-universal.org


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