Cuando una persona vive para trabajar, en lugar de trabajar para vivir, decimos que es "adicta al trabajo". Un adicto al trabajo experimenta la compulsión de trabajar más y más, se siente culpable cuando se relaja o atraviesa un momento de ocio y no puede dejar de pensar en el trabajo.
Evidentemente, la adicción al trabajo perjudica la calidad de vida de una persona y la de su entorno. Sin embargo como ocurre con tantas otras adicciones no siempre podemos reconocerla a tiempo antes de que sea tarde.
¿Cómo podemos reconocer esta adicción o la predisposición a sufrirla? ¿Cómo podemos saber si alguien de nuestro círculo o incluso nosotros mismos está en camino de convertirse en un adicto al trabajo? Algunos estilos de trabajo pueden indicarnos estar frente o próximos a esta adicción. Los siguientes, son estilos de trabajo muy peligrosos.
Bulímico anoréxico: una característica de quienes sufren desórdenes alimentarios como la bulimia y la anorexia, es que alternan entre períodos de ayuno en los que saltean comidas y pasan horas y hasta días sin ingerir alimentos y períodos de voracidad en los que se atragantan de comida. Hay personas que hacen lo mismo en su trabajo: atraviesan ciclos en los que postergan todas las tareas, no inician ningún proyecto, no cumplen con lo pedido y otros en los que se quedan noches sin dormir para hacer una entrega, atienden diversos proyectos simultáneamente y trabajan hasta la extenuación para terminar todo lo pendiente. Estas personas pasan de un extremo a otro: trabajan incansablemente durante un tiempo y luego se toman prolongados descansos en los que no hacen absolutamente nada.
Socorrista: algunas personas trabajan en permanente estado de crisis y urgencia, "apagando incendios" como suele decirse. Viven corriendo detrás de plazos de entrega rigurosos e inminentes, sienten que siempre se les hace tarde y que todo es cuestión "de vida o muerte". Este estilo de trabajo se caracteriza por la impulsividad, la agitación y el dramatismo. Para un socorrista, es preciso actuar inmediatamente, no hay tiempo para pensar, para delegar, para informar a los demás, para establecer prioridades, ni para planificar.
Hiperactivo: los niños con hiperactividad o desórdenes de atención, se comportan erráticamente en la escuela y en sus hogares. Al igual que estos niños, algunos adultos tienen un comportamiento errático en sus trabajos: saltan de una tarea a otra, no terminan nada, se dispersan con facilidad, se aburren cuando un proyecto se extiende por mucho tiempo, siempre están apurados por pasar a otra cosa y les cuesta concentrarse en un aspecto de su trabajo.
Entusiasta: a quien tiene por hobby por ejemplo armar maquetas, las horas le pasan volando y se olvida de todo lo demás. Su entusiasmo por la afición hace que le resulte difícil dejarla para hacer otra cosa: siempre encontrará algún detalle que agregar o corregir y pasará horas contemplando su creación y embelleciéndola. De manera similar, el entusiasta por su trabajo pierde la noción del tiempo mientras trabaja, porque disfruta mucho hacerlo. Esta persona prolonga indefinidamente una tarea y genera trabajo adicional cuando siente que está por terminarla. El placer que le proporciona trabajar, hace que le resulte casi imposible delegar trabajo, o negarse a hacer algo.
Perfeccionista: la búsqueda de perfección lleva a una persona a vivir en un estado de permanente disconformidad y tensión. Nada es lo suficientemente bueno: ni aquello que ella hace, ni aquello que hacen los demás. Como consecuencia, el perfeccionista pasa horas corrigiendo trabajo y haciendo demandas de calidad excesivas para él y para los demás. En la búsqueda de perfección, cualquier mínimo detalle justifica más dedicación.
Buen samaritano: hay personas que se desvelan por ayudar a los demás. Siempre están pensando en cómo ser útiles y bondadosas. Este comportamiento suele darse en diferentes ámbitos, de los cuales no escapa el laboral. El buen samaritano nunca delega su trabajo para no cargar a otra persona; más bien, prefiere que los demás transfieran tareas a él. No sólo no puede decir no a un pedido de colaboración, sino que constantemente ofrece su ayuda. Prefiere responder prontamente un email o un llamado, o recibir a alguien que solicita su atención, que terminar su propio trabajo. Como consecuencia, siempre se ve obligado a dedicar más horas para realizar sus tareas.
Por diferentes razones, estos estilos de trabajo llevan a una persona a trabajar más de la cuenta: sea por no administrar equilibradamente sus tareas, por vivir resolviendo crisis, por no concentrarse lo necesario, por olvidarse del paso del tiempo mientras trabaja, por nunca conformarse con un resultado, o por hacer el trabajo de los demás y no el suyo.
Estos seis perfiles existen en todas las organizaciones y normalmente no se los considera señal de una adicción al trabajo, sino diferentes formas de trabajar. Sin embargo, son muy sintomatológicos y deberíamos estar muy atentos a su manifestación, tanto en nuestro equipo de trabajo como en nosotros mismos.
La adicción al trabajo constituye un grave problema para quien la sufre, para su organización y para su familia. Como todo problema, cuanto antes se detecte más fácil será combatirlo.
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