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UNA INJUSTICIA CONDUCE A OTRAS
La desigualdad de poder trajo, consecuentemente, desigualdades sociales y económicas, Como el pez que se muerde la cola, cuanto más encumbramiento económico y social, mayores posibilidades de ejercer dominio sobre otros… Esta es la secuencia histórica del origen de las monarquías, de la aristocracia, de los linajes de terratenientes patriarcales, de las clases burguesas posteriores y de los clanes políticos, financieros y comerciales que fueron naciendo, mezclándose y extendiéndose hasta desembocar en ese exiguo número de “familias” de potentados, que en número menor de quinientas controlan, literalmente hablando, todas las riquezas del mundo con los resultados que vemos a diario.
A la vez que se fue dando ese proceso de selección y concentración de poderes y riquezas, fueron creciendo las desigualdades por razón del sexo, pues en la medida que la sociedad basada en la violencia se extendía, la mujer, cuyas tendencias naturales primeras como madres es evitar que mueran sus hijos en las permanentes guerras que jalonan la historia humana, y cuya inclinación al diálogo y al orden natural en todo es notoria, se fue convirtiendo en un estorbo. Por tanto se le hizo callar con diversos tipos de argumentos que veremos expuestos más adelante. Y este es el origen del machismo que todavía subsiste. Algunos dirán: esto parece una exageración. ¿Acaso no existe una incorporación de la mujer al trabajo, viéndose así liberada de su oscuridad social en el hogar con los mismos derechos que el hombre? Sí, pero para conseguir su triple explotación: como ama de casa, como obrera con menor salario, y sin perder sus obligaciones maternas. Ningún cambio positivo, y sí una respuesta: la negación de la mujer que trabaja a tener hijos, produciéndose una baja considerable de los índices de natalidad precisamente en los países ricos que presumen de liberación de la mujer.
Otros objetarán: ¿No existen mujeres actualmente en puestos de responsabilidad empresarial, en la política y entre los mandos militares? Es cierto, pero eso no es un indicador de cambio social. En primer lugar, su número es poco significativo comparado con el de los varones. En segundo lugar tienen que estar de acuerdo con el sistema, al que sirven doblemente: como elementos de refuerzo y como escaparate ante la sociedad para hacernos creer que el capitalismo ha superado al machismo. Pero son las mujeres las que se han integrado en el sistema de opresión machista que las incluye desde siempre y las explota en todas partes. Por tanto no son elementos de contrapeso- sino de refuerzo- del modelo de falso desarrollo humano, social y económico. De este modo, la mitad al menos de la especie humana queda eliminada como elemento de cambio a causa de la presión masculino-machista.
El dominio sobre la mujer va unido al dominio sobre la Naturaleza y sus recursos , que se convirtió a todo lo largo del tiempo histórico en objetivos de las minorías entronizadas por la violencia, minorías organizadas al principio para sucederse a sí mismas de padres a hijos, con la cobertura religiosa como argumento moral, leyes a medida como instrumento que sustituyera a la justicia debida, y la exclusión social, la cárcel, el poder de la espada o el hacha del verdugo como garantía final, sin olvidarnos del infierno como castigo eterno.
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