(Tomadas de las enseñanzas proféticas del cristianismo originario para la actualidad)
1. El camino de la liberación espiritual.
Cristo vino a este mundo a enseñarnos el camino de la liberación espiritual, que consiste en el cumplimiento de los diez Mandamientos dados a Moisés, y en las enseñanzas del Sermón de la Montaña. Sin ritos, sin sacrificios de ninguna clase, sin sacerdotes, sin templos de piedra. Y, por supuesto, sin Papas, cardenales ni obispos que oficien misas u otras ceremonias ni dirijan a los demás espiritualmente.
(Sus enseñanzas fueron rechazadas entonces por la casta sacerdotal judía y posteriormente por las iglesias llamadas cristianas, que declaran estar a su favor, pero sólo de fachada, pues fueron adoptando clases sacerdotales, ritos, ceremonias, y un sin fin de elementos seudo-religiosos procedentes del paganismo romano y de otros pueblos conquistados, que han distorsionado al cristianismo convirtiéndolo en catolicismo, protestantismo, y otras corrientes contrarias al cristianismo originario).
2. Energía divina y rebelión de los ángeles.
Insistió Cristo que en el Cosmos todo es energía y todo es consciencia, que todos y cada uno formamos parte de esa energía, que no existe la muerte y nada hay fuera de Dios, pues Dios es energía y consciencia universal omnipresente, omniabarcante, al igual que Cristo lo es. (Y la causa de la rebelión de una parte de los ángeles y la posterior Caída fue no aceptar esta cualidad de la omnipresencia de Cristo y desearla para sí los que cayeron o caímos).
3. Qué es la Redención
Jesús predicó y vuelve a predicar hoy-pues la palabra de Dios es Ley inmutable- que todos somos Sus hijos adoptivos desde la Redención, e iguales ante el Creador, Su y nuestro Padre. Afirmó y afirma que se encuentra en nuestro interior, formando parte de nuestra energía Su impulso espiritual desde el momento en que pronunció en la cruz el “Está consumado”. Este es el impulso redentor: una parte de la energía de Cristo que asegura a cada uno de nosotros el regreso a los cielos puros, de donde partimos antes de la Caída. Y con su Resurrección nos vino a probar que no existe la muerte, sino justamente la resurrección y la vida en Dios que sólo es posible a través de Cristo, pues Él así lo afirma: “Yo Soy el camino, la resurrección y la vida”.
4. La muerte no existe.
Aquello que tanto tememos y a lo que llamamos muerte no es más que un salto del alma fuera del cuerpo como lo hace cada noche mientras dormimos, excepto que el cordón de plata que une al alma y al cuerpo, y que le permite regresar a él para despertar al mundo material, se rompe en un momento determinado y ya no es posible el regreso del alma al cuerpo físico. Entonces cada alma pasa al reino de las almas, donde existen muchas moradas, como dice Cristo, y cada uno se dirige al lugar que le corresponde según su modo de pensar, actuar, sentir, hablar, percibir, pues siendo todo energía-y el alma lo es- la ley de semejanza determina que lo semejante atrae a lo semejante. También por la ley de siembra y cosecha, lo que se ha sembrado en la vida material, eso es lo que el alma cosechará para el más allá, pues el alma es el libro de la vida. Pero no existe el Infierno, y esto lo afirma Cristo muy claro, porque de existir algo así sería el último acto de crueldad de un dios vengativo que nada tiene que ver con nuestro Padre, pues Dios es Amor y Misericordia infinitas.
5. Cómo se nos perdonan los pecados.
Los hombres atentamos contra las leyes de Dios y contra las leyes de la naturaleza con mucha frecuencia. A estos actos contrarios se les da el nombre de pecados, y nadie, excepto Dios, a través de Cristo, nos puede perdonar. Él nos dice el modo: “Arrepiéntete de corazón, pide perdón y perdona, repara en lo posible el daño y no vuelvas a hacer igual o parecido”.
(Esta forma de reparación espiritual no precisa de sacerdotes, curas o cualquier otro intermediario. Cristo no lo enseñó nunca).
6. La reencarnación.
Cristo enseña que el alma es inmortal, y preexistente al nacimiento, así como que viene a este mundo una y otra vez en la “rueda de la reencarnación”.
El alma es el libro de nuestra vida, donde están escritos todos los hechos de nuestras diversas existencias. Es improbable que en un sólo ciclo vital seamos capaces de eliminar nuestro karma (o deudas pendientes por acciones contrarias a Dios en esta o en otras existencias anteriores), y es por ello que existe la posibilidad de reencarnarnos, o volver a nacer como seres humanos. Esta es una prueba de la misericordia de Dios hacia Sus hijos, pues encarnados podemos purificar más deprisa y menos dolorosamente que estando en los planos de purificación de las almas en el Más Allá, donde sufre, quien deba, el mismo dolor que ha hecho sufrir a otros estando en este mundo. Mientras estamos encarnados existe la posibilidad de purificar los pecados en menos tiempo y con menos dolor. De lo contrario, se expían aquí también mediante los llamados golpes del destino, enfermedades, y otros modos de sufrimiento a los que no encontramos explicación y atribuimos a la casualidad. Pero no existe la casualidad, sino la ley causal, la ley de causa y efecto, que es la ley que rige los mundos de la Caída. Y el nuestro es uno de entre tantos.
7. Los centros de conciencia.
Son siete centros de recepción y distribución de energía situados a lo largo de la columna vertebral desde el cóccix hasta la coronilla. A través de cada uno de ellos se recibe la energía espiritual y física que alimenta a nuestros órganos, aparatos y glándulas. Mediante el cumplimiento paulatino de las leyes divinas, se activan más y más estos centros, produciendo en nosotros, salud, bienestar y alegría de vivir. De no ser así se producen bloqueos energéticos que acaban por afectar al funcionamiento de nuestro cuerpo físico, debilitando las defensas y facilitando la aparición de enfermedades. (Estas y otras muchas enseñanzas de Cristo que las iglesias ocultan o tergiversan pueden encontrarse en:
http://www.vida-uiniversal.org