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A medida que el árbol de los deseos del género humano fue tomando forma y tamaño alimentado por la energía divina (pues no es posible la existencia de nada sin Ella), cada alma resultó cargada de un modo personal y ensombrecida, envuelta por sutiles velos energéticos correspondientes a su carga de negatividad,( las llamadas envolturas del alma) presentes en el cuerpo sutil de cada uno, y donde se hallan los siete centros de conciencia o chakras, centros de recepción y distribución de la energía del cosmos en el ser humano, de cuya recepción depende nuestra salud. Esto se conoce muy bien en China en India y en Japón desde el principio de su cultura. De ahí que el yoga, la acupuntura, el tai-chi y las artes marciales hayan trabajado desde hace milenios con la energía, aplicándola de diversas maneras: para el desarrollo de la conciencia, para uso médico o para la lucha.
A lo largo del proceso degenerativo de la conciencia, la incorporación tardía del lenguaje hablado, y posteriormente, del gráfico, elementos comunicativos degradados de la sensación pura transmitida telepáticamente como modo de comunicación perfecta, hicieron posible el ocultamiento, la mentira y la manipulación de la verdad para las almas ahora cargadas, envueltas en cuerpos físicos densos, disminuidos en sus capacidades originales. Esta densificación de los cuerpos, fue la consecuencia de la progresiva ralentización vibratoria de la energía personal original, que acabó “solidificándose “ en materia celular, en cuerpos biológicos, viniendo a tener estas formas físicas humanas los que antes sólo éramos energía pura, con una forma etérica con el prototipo humano, pero expandida y luminosa.. Creo que la evolución del hombre y de los primates desde de un tronco común tiene que ser unida al papel rector de la conciencia, y al factor igualmente determinante del karma individual y colectivo que posibilitaría un mayor desarrollo espiritual en ciertas zonas orientales del Planeta antes que en otras, y un número mayor de individuos creativos, factores de progreso. El alma de los animales, a diferencia de los hombres, no tiene karma alguno, por lo que sus genes no contienen información, como los humanos, sobre asuntos pendientes de otras vidas por los cuales tuvimos que encarnar.
Cada especie sigue su propio ritmo evolutivo y sus propios procesos, por lo que los hombres no tenemos derecho alguno a intervenir en ellos. Ningún animal proviene de la Caída original. Todos son almas puras con capacidad de sentir emociones como las nuestras: dolor, alegría, sentimientos de pérdida, instintos. Aquí encuentra justificación plena el respeto a la vida animal como portadora de conciencia, o sea, de alma. Por supuesto, no tiene justificación moral alguna cazarlos, sacrificarlos como alimento, o utilizarlos como cobayas en laboratorios. El sufrimiento animal cae sobre nuestra propia especie como una lacra y como un karma, o deuda colectiva. (Recomiendo la lectura del extraordinario libro “El asesinato de los animales es la muerte de los hombres”, que puede solicitarse gratuitamente en la dirección de Internet http://www.vida-universal.org.)
En el caso de los seres humanos, el paso de lo espiritual puro hasta llegar al mundo material, viene a ser, desde el punto de vista del movimiento de la energía, la manifestación de un proceso contrario a la expansión original, a causa de la rebelión de una parte de seres antaño puros (la Caída) que motivó el cosmos material e influyera sobre el alma de sus autores, la mayoría degradados a humanos a consecuencia de la bajada de vibración de la energía de sus cuerpos sutiles al alejarse de los ámbitos celestiales. Así se ensombrecieron y debilitaron hasta ser poco activos en cada alma los cuatro atributos (orden, voluntad, sabiduría, seriedad), y las tres cualidades de Dios (paciencia, amor y misericordia). Cada una de esas cualidades y atributos localizados en centros de conciencia o ruedas de energía, son los que hemos de elevar de vibración a través del cumplimiento de las leyes trasgredidas, para volver a nuestro luminoso origen a través de formas de pensar, sentir, hablar y actuar cotidianas. Como todo esto atañe directamente al alma individual, conviene detenerse en ella.
¿CÓMO ES LA ESTRUCTURA DEL ALMA? Alojada en las proximidades de la glándula pineal, el alma o cuerpo espiritual ensombrecido del hombre, está compuesta por partículas de energía sobrepuestas de modo semejante a las escamas de un pez. Contiene el núcleo del ser, o núcleo divino incargable y las siete envolturas ensombrecidas o siete centros de conciencia. A través de este árbol de la vida y de sus centros fluye la energía divina a los órganos y células del cuerpo físico.
El desarrollo de los centros de conciencia del orden, voluntad, sabiduría y seriedad exige un trabajo diario, un camino interno de reconocimiento personal y actuación de acuerdo con las leyes divinas. De ahí la necesidad de una disciplina adecuada a nuestro estado evolutivo para el desarrollo de esos centros de conciencia, convertidos en receptores-transmisores que reciben y envían la energía del Cosmos a nuestras células y órganos.
A medida que purificamos nuestros estados de conciencia a través de un pensar, un sentir y un actuar más elevado, subimos nuestro nivel de vibración energética, lo que nos permite una mayor claridad y estabilidad mental y una mejor salud emocional y física al fortalecerse nuestro sistema inmunológico. Las referencia son los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña .A través de su cumplimiento, el núcleo de nuestra alma- Dios en nosotros, nuestra conciencia- nos advierte, nos informa, nos trae paz o nos muestra nuestros modos de actuar en la vida diaria que deberían ser corregidos por medio del auto-reconocimiento, del arrepentirse, del pedir perdón a Cristo y no volver a contravenir las leyes. A eso le llamamos Camino Interno. A través de su puesta en práctica nuestro nivel de evolución –que corresponde a nuestra capacidad de armonizar con las leyes espirituales y las leyes de la naturaleza- aumenta y nos permite una mayor sensibilidad para captar y vivir lo divino en nosotros y actuar de acuerdo con nuestra verdadera personalidad espiritual individual. Esto elimina gradualmente los ensombrecimientos o cargas de cada alma que hemos ido acumulando y que se nos muestran en nuestro yo inferior. Es así como nuestra alma inicialmente cargada se hace cada vez más luminosa.
En los Vedas puede leerse el siguiente ejemplo: “Igual que el sol puede verse a la vez en miles de tazas de agua, siendo uno, así Dios, el Uno, en cada ser.”
Más, si el agua está sucia ¿qué puede observarse?
Imaginemos que el agua es el alma individual.
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