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El trastorno por acumulación compulsiva

Por Pcazau
Todos conocemos a alguien que acumula cosas inservibles como trozos retorcidos de metal, papeles o cartones viejos. Incluso tengo un amigo mecánico que acumula acumuladores. Esto ya ha comenzado a llamarse “Trastorno de Acumulación Compulsiva”, y hasta hay quienes ya piensan en incluirlo en la lista internacional DSM de enfermedades mentales. A los acumuladores no les importa el desorden y la suciedad que genera su conducta, porque perder las cosas acumuladas les produce gran angustia.
Los coleccionistas son una especie de acumuladores, con la diferencia que lo que guardan lo preservan del polvo, la lluvia y la humedad, tratando sus objetos como pequeñas joyas aún cuando puedan ser también cosas inservibles. Claro que también hay otros tipos de acumuladores más exóticos, como aquel japonés que guardaba desde hacía años en su casa los cadáveres de su madre y su esposa.
De lo que no se habla tanto es, sin embargo, de una clase muy especial de acumuladores compulsivos: los que no pueden evitar acumular más y más poder, sea económico, político, religioso, territorial o lo que fuere. Gastan toda su energía en aumentar incesantemente su poder, sin percatarse demasiado que es tan efímero como la muerte.
En efecto, cualquier persona normal puede acumular dinero para ahorrar o invertir para un futuro mejor, pero llega un momento en que puede perder el control y seguir acumulando aquello que NO necesita: tal el caso de los enfermos de poder. Si una persona término medio tiene 200 millones de dólares, por lo menos la mitad no los necesita, pero los millonarios sí, incluso aunque digan que no lo necesitan ya que no se desprenden del excedente.
Algunos de estos acumuladores utilizan su poder económico para obtener poder político, como cierto jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, y otros su poder político para incrementar su poder económico, como aquel famoso presidente argentino que a medida que acumulaba dinero iban desapareciendo sus legendarias y mediáticas patillas. Fue lo único que dejó de acumular.
Ninguno de ellos tiene conciencia de enfermedad. Todo lo contrario: consideran que su virtuosa adicción son la manifestación de una inteligencia superior, lo cual alimenta permanentemente su autoestima. Y ya lo dijo Jung: quien necesita sentirse superior es porque por dentro se siente inferior.
Los acumuladores de poder han llegado a acumular tanto que tienen la influencia suficiente como para pagarles a aquellos que osaren incluir algún “Trastorno por Acumulación de Poder” en algún manual psiquiátrico escrito por algún médico que padece acumulación compulsiva de dinero.
Pablo Cazau. Agosto 2010.


Email del Autor: pcazau@yahoo.com.ar
Página web del Autor: http://miscelanea1948.blogspot.com


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