Si caminado por la calle nos topamos con alguien que saca un puñal y nos enfrenta, no precisaríamos esperar a sentir la puñalada para saber que estamos en peligro. Sin embargo pareciese que en lo político nuestros reflejos nos engañan.
A pesar de que hace meses nuestros gobernantes viven esgrimiendo puñales y encarando con ellos a los diferentes sectores la sociedad argentina (oposición, militares, policías, anteriores gobernantes, medios, agro, AFJP…) preferimos pasivamente seguir creyendo que tales puñales nos defienden de un enemigo feroz e imperialista que pretende devorarnos.
Pareciese que nada hubiésemos aprendido de nuestra historia reciente. Acciones que veinte años atrás hubiesen avergonzado a cualquier político (y eso que no eran bebes de pecho) hoy se encaran abiertamente y se defienden con discursos anacrónicos, mediante los cuales fundamentan lo más irracional (e inconstitucional en ocasiones) avalando confiscaciones y saqueos contra ciudadanos argentinos; y si en alguna oportunidad logramos evitarlas, ha sido fruto de la férrea decisión del conjunto de ciudadanos que aun recordamos que las instituciones (y la ley) existen para ser respetadas.
Cuando esta jauría famélica que nos gobierna arremetió contra el campo, fue todo el pueblo quien salió a las calles a exigir respeto y cordura. Con sus cacerolas (de aluminio y de teflón), con sus tractores y banderas, decididos a no retroceder.
Pero hace unos días volvieron a las andadas. En el supuesto proyecto de transformar el estado, no atacaron el desbordado gasto público, sino el jugoso fondo compuesto por los aportes de los cuatro millones y medio de trabajadores, que hace un año optaron libremente por permanecer en un sistema previsional privado. Nuevamente se escuchó un discurso que mas parece un cuento de hadas, y que convenientemente omite comentar el resultado devastador del pasado sistema público que nos llevó al nacimiento de las AFJP. Nada dice este discurso sobre los abundantes casos en que este sistema propuesto despojará a los trabajadores de sus ahorros, ya que de no cumplimentar con los requisitos jubilatorios, no tendrán derecho a retirar el saldo aportado como permiten las AFJP. Es decir, pasaran de ser beneficiarios a ser “generosos donantes” que subsidiarán al millón y medio de jubilaciones regaladas por el estado durante la última campaña electoral.
Pero lo que verdaderamente aterra, es el ensordecedor silencio.
Silencio de los medios.
Silencio de la oposición.
Silencio de la AFJP que ha horas de debatirse en diputados el proyecto no han emitido palabra en defensa de sus afiliados.
Silencio de los constitucionalistas que nuevamente miraran hacia otro lado mientras el gobierno patea la Constitución Nacional al más oscuro rincón de los recuerdos olvidados.
Silencio de un campo que parece dubitativo a la hora de devolver el favor a un pueblo que salió a las calles a apoyarlo.
En semejante silencio, estamos a horas de un nuevo atropello a las instituciones y a la ciudadanía. Otra desilusión más. Otra estafa.
Si algo aprendimos en estos duros años de democracia, ésta es nuestra prueba de fuego.
Aceptémoslo, el puñal es para nosotros, para todos. No precisamos otro 21 de diciembre. Abramos los ojos a tiempo.
Saludos cordiales.
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