¿Tiene sentido hablar hoy de términos como "espíritu"?
Esta pregunta puede ser recibida con indiferencia para los que no creen en un término como "espiritual".Son tantos siglos abusando de grandes palabras que se mancillan acto seguido que se pronuncian, que el término "espíritu", o "espiritual", puede parecer sospechoso de pertenecer al catálogo de palabras-trampas eclesiasticas o sectarias. Olvidemos por un momento este catálogo de trampas que usan las grandes palabras como señuelo, y observemos por un instante el término "espíritu".Para un creyente, Dios es Espíritu y toda energía procede de Él, siendo, por tanto espiritual. Para un no creyente, esa energía es símplemente energía natural o cósmica de origen casual.Cualquiera que sea el punto de vista, lo determinante es lo que cada uno haga con esa energía, que siempre es vibración, pues del uso personal dependerá su resultado más o menos sutil, variando los grados de vibración electromagnética subatómica de tal modo que puede llegar a densificarse como consecuencia de la ralentización de la frecuencia vibratoria de los componentes subatómicos hasta el extremo de llegar a su máxima densificación: la materia. Así resulta que la materia es el final de un proceso; no es otra cosa que energía condensada que ha llegado a ser visible a consecuenncia de su degradación.
Nosotros, como cuerpo espiritual que envuelve la vida con materia densa, vivimos en el planeta que nos corresponde por vibración. Nuestra unión corporal con el cuerpo planetario, -La Tierra, en este caso- es total, puesto que nuestro cuerpo físico es de su misma materia mineral lo mismo que resulta ser de la misma materia mineral que la de los animales y del resto de la naturaleza.
La relación a nivel sutil, espiritual (pensamientos, sentimientos) que establecemos entre nuestra parte sutil – el alma- y nuestro cuerpo físico, determinará nuestra salud o enfermedad y esa relación será semejante a la que establecemos con el Planeta determinando también su salud o enfermedad. La salud del planeta empeora por días, y en todo el mundo lo que sucede en este terreno es tremendamente negativo.En los países ricos, los enfermos aumentan sin cesar y disparan el gasto farmaceutico y los pobres del tercer mundo con sus enormes deficiencias sanitarias y sus muchas enfermedades aún lo tienen peor.Entre tanto los científicos ya advierten sobre nuevas enfermedades que se avecinan.
Sabemos que este proceso degenerativo general (naturaleza contaminada, especies amenazadas o en extinción) es a causa de nuestra intervención contra las leyes de la energía y de la vida, que el Planeta sigue originalmente, y lo trascienden, pues son leyes cósmicas.Lo negativo que hemos introducido en contra de esas leyes como causa tiene sus efectos y vuelve a nosotros en forma de enfermedades y necesidades y tenemos que convivir y hasta alimentarnos con alimentos insanos, aire insano y aguas insanas a las que hay que tratar con productos químicos para neutralizar el efecto de bacterias dañinas y de otros productos químicos igualmente insanos filtrados en los acuíferos.
EL MUNDO QUE FUE Y EL QUE TENEMOS
¿Podemos imaginar por un momento un planeta donde los ríos sean de agua pura, los mares del color del cielo y sin vertidos, los cielos limpios, bosques vírgenes, animales libres y pacíficos cuya vida se respeta siempre de acuerdo con el orden natural, y seres humanos bondadosos, justos, cooperativos, unidos para el bien de todos? ¿Podemos imaginar un mundo donde ya no exista la guera, las enfermedades, la explotación de unos por otros, y la belleza y la armonía presida las zonas habitadas por los humanos? Cada vez es mayor el contraste entre el mundo deseado y el mundo en que nos vemos obligados a vivir.
¿Podría ser de otra manera? Al formular esta pregunta a un cientifico este diria que sí, pero que se precisan elementos correctores, tecnología sofisticada , muchísimo dinero y mucho tiempo para regenerar todo esto que destruimos.Y aún así habría que contar con las respuestas de la naturaleza. Es dificil esperar que la ciencia arregle nada. Se puede decir sin equivocarnos demasiado que las personas, la humanidad, estamos en un barco que se hunde por no seguir las leyes de la navegación, que son leyes espirituales, leyes que exhortan a actitudes éticas, a comportamientos morales correspondientes a ese mundo que imaginamos hace un momento.Esas son las leyes de la naturaleza, tanto de la naturaleza física como de la naturaleza espiritual ,pues ambas no pueden estar en contradicción.El intentarlo es justamente lo que nos arruina la vida y el Planeta, pues existe una profunda unión entre la materia y el espíritu de todo lo existente, y las leyes que estudia la física y la biología con todas sus ramas son las leyes de Dios en Su manifestación como energía.
Átomo a átomo, todos los componentes del cosmos y todos los componentes de los planetas con todas sus criaturas, de no recibir el alimento energético correspondiente a su vibración, enferman y decaden, pues en el universo todo es movimiento continuo hacia la evolución o hacia la involución; hacia el progreso o hacia la destrucción, dependiendo de las fuerzas que operen, pues Dios respeta el libre albedrío y permite acciones contrarias a Sus leyes.No ha descubierto la ciencia todas las leyes por las que se rige el cosmos material, y menos aún el cosmos espiritual,pero sí algunas.
FÍSICA DE PARTÍCULAS Y SUS IMPLICACIONES PERSONALES Y SOCIALES
Por la segunda ley de la termodinámica conocemos que todo punto que recibe un fuerte flujo de energía se transforma correspondientemente. No encaja en el orden natural una acumulación de energía que no inicie un proceso de cambio, que no conduzca a un nuevo equilibrio de fuerzas en el orden cósmico según el princpio dar y recibir. Este equilibrio entre la causa y el efecto, entre el recibir y el dar, mantiene el orden y la armonía en la totalidad del Universo.
¿Y cómo actuamos los humanos? Alejados de la naturaleza en tan gran número, que se han roto al mismo tiempo los principios equilibradores del dar y el recibir. La tendencia a buscarel recibir y rehuir el dar, fruto del atraso espiritual colectivo, se manifiesta en una tal dosis de egocentrismo que a escala planetaria ha producido el deterioro irreversible de los ecosistemas de la Tierra, de su atmósfera, de su cinturón electromágnetico y de su capa protectora de ozono. A escala social, ha conducido a una situación que tiende a ser extrema donde las desigualdades crecientes entre ricos y pobres acaban por producir países ricos y voraces que consumen ingentes cantidades de energía y materias primas que no reintegran en el orden natural ni sirven para transformar a mejor las condiciones de vida de nadie, privados hasta de los alimentos para vivir. .Naciones enteras se ven obligadas a ser donantes por las buenas o por las malas sin ser receptoras de los beneficios de lo que entregan.
Este profundo desequilirio energético del mundo, que es expresión última de los desequilibrios personales en la aplicación de las leyes del dar y recibir espiritual, no puede ser justicable en modo alguno bajo ningún punto de vista, pero desde el punto de vista moral es un crimen, seamos creyentes o no, o tengamos estos o los otros idearios políticos. Para comprender su magnitud basta con un mínimo sentido de la justicia o un mínimo de conocimientos sobre el estado de nuestro planeta y de nuestro mundo para sentir una profunda repulsión hacia este inmenso despropósito de previsibles y dramáticas consecuencias para todos, incluídos los ricos.
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