RESPETAR EL ORDEN DEL TEMPLO VIVIENTE INTERNO
Nosotros mismos somos responsables de nuestro sufrimiento. La ley de Dios no contiene nada malo. Si conseguimos poner orden en nuestro «templo», nuestra alma se aclara, nuestro cuerpo se vuelve más luminoso y nuestro ser más claro.
No son nuestros semejantes los que tienen la culpa de nuestro sufrimiento, sino que somos nosotros mismos los responsables, pues con nuestra forma errónea de pensar y actuar hemos provocado desorden en nuestro cuerpo, y con ello hemos interrumpido la corriente de la sanación.
Enfermedades, necesidades, golpes del destino y cosas similares no vienen de Dios, ni tampoco de «otros», sino que vienen de nosotros mismos, pues nosotros mismos hemos grabado lo que nos lleva a ello. Nos hemos alejado del océano de la vida y nos hemos dirigido a tierra seca.
En las enseñanzas del Espíritu de Dios, y también en la enseñanza y en las palabras ricas en imágenes de Jesús, se nos remite una y otra vez a nosotros mismos, por ejemplo, con la frase “Tú eres el templo de Dios, y Dios vive en ti”: si devastamos nuestra iglesia, nuestro templo, experimentaremos el desorden en el templo. Para cada uno de nosotros eso significa que somos nosotros mismos los que hemos creado el desorden, y por ende, nosotros mismos somos los que tenemos que volver a restablecer el orden a través del cumplimiento de las legitimidades que Dios nos dio a través de Moisés, en los Diez Mandamientos, y por medio de Jesús, el Cristo, en Su Sermón de la Montaña. Se nos llama para que cada uno ponga orden en su propia casa, en su iglesia, el templo, pues somos nosotros mismos los que hemos devastado nuestra casa.
En la Ley de Dios, no está contenido ningún tipo de enfermedad. Dios no tiene en Su ley del amor, ni virus, ni enfermedades contagiosas, ni cosas malas o feas. Dios no es malo - Dios es bueno. Lo malo viene de nosotros: es la maldad, lo contrario a la ley divina, que finalmente dirigimos contra nuestros semejantes, y que a su vez se dirige contra nosotros, ya que emitir, es también recibir.
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EL GRANO DE MOSTAZA
A lo que es contrario a la ley de Dios, también se le denomina “pecado”. Puede decirse que la enfermedad es una separación que tenemos para con Dios. Disolver el la enfermedad, o la percepción errónea de las cosas, significa orientarse a Dios, el Bueno, el océano eterno, y poner orden en el templo viviente interno, que somos nosotros mismos, de forma que el agua de la sanación pueda fluir. Si se apartan los pecados, nuestra alma se aclara, nuestro cuerpo se vuelve más luminoso y nuestro ser más soleado.
Jesús nos enseñó también en su parábola del grano de mostaza: Si nuestra fe fuera tan grande como un grano de mostaza, entonces podríamos mover montañas. ¿A qué fe se refiere? A la fuerza espiritual a la que nada le es imposible, que fluye cuando hacemos lo que Jesús nos enseñó. Por lo tanto, se necesita de la fe viva en Dios y del amor al prójimo. Estar en la fe viva significa: lo que diariamente se nos hace consciente, que es aquellos reconocimientos sinceros y honestos de lo que en cada uno de nosotros es pecaminoso, por ejemplo, la manera errónea o distorsionada de percibir las cosas, la mala voluntad que tenemos con ciertas personas que no nos caen bien, en definitiva, lo negativo, de estos aspectos nos debemos arrepentir, para poder purificar nuestra alma, al no volver a hacer más esos aspectos por los cuales hemos reflexionado, y sentido que no estábamos cumpliendo con una vida legitima en Dios. Entonces las montañas, que se elevaban enormes, ya que las contemplábamos bajo la oscuridad de una forma incorrecta de proceder con nosotros mismos y con la vida (el pecado), ahora, delante de la luz de Dios, son superadas con Su fuerza.
Maximiliano Corradi
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