blogs noticias

Encuentra rápidamente información entre los artículos publicados

Buscar en Internet

    Clasificados   Monografías   Empleos





rss feeds RSS / /

¿ESTADO DE DERECHO O ESTADO DE JUSTICIA?

Por Patrocinio Navarro
Se dice que el Estado nace para garantizar el Bien Común. Sin embargo, nada más lejos de la verdad.
Si tuviéramos que definir el abstracto concepto llamado Bien Común, tendríamos que hacer referencia a bienestar económico-social, paz, justicia, libertad, ayuda mutua y cultura al alcance de todos. Estos son elementos inseparables entre sí, y la falta de cualquiera de ellos altera el equilibrio del conjunto y convierte en inestable y conflictiva la convivencia dentro de un Estado, se llame como se llame: dictadura, monarquía, república, socialista, o de cualquier otro modo. Sin que esos elementos se hallen presentes en la vida cotidiana de los pueblos, no hay bien común, y sin el bien común de los ciudadanos, el Estado ha fracasado en su cometido. Pues bien: lo que venimos observando durante años, y ahora hace eclosión, es precisamente la incapacidad de los Estados para atender al bien común de aquellos a quienes tiene la obligación de proteger, pues para eso es mantenido como su garante.
No es necesario ser un experto en cuestiones sociales para concluir que el único bien común posible nace cuando se encauzan todas las energías disponibles de una nación para conseguir un mayor grado de libertad y bienestar social de cada ciudadano individual, sin que exista en ello otra ley que dar al que tiene necesidad y recabar de él todo aquello de lo que sea capaz, para así evitar la existencia de individuos que sólo quieren recibir y desigualdades sociales. Individuo al que se le niegan posibilidades de libertad progresiva en todos los aspectos, bienestar social, y acceso a la cultura, sería un individuo degradado; y la degradación es contagiosa: se convierte en enfermedad social con gran rapidez.
Decir que los Estados modernos son Estados degradados, es casi una verdad de Perogrullo, porque, sin ir más lejos, el progresivo aumento del paro, la progresiva facilidad de los patronos para despedir a los trabajadores, con todas las lacras sociales y miserias personales y familiares que todo eso engendra, no es sino expresión de la existencia de un Estado enfermo, incapaz de poner remedio a tanto mal social.
Esta incapacidad del Estado no es algo casual. No podemos llamar casuales a los constantes recortes de los salarios, las pensiones, las inversiones en gasto social, en investigación, en dotación para las escuelas y universidades, en facilidad de acceso a los estudios universitarios y en actualización de los profesores en todos los niveles.
No puede llamarse casualidad a que un Estado contemple impávido y envíe policías cuando las calles se llenan de gente aquí y allá reclamando derechos perdidos o disminuidos, salarios impagados, leyes de apoyo a sectores productivos maltratados (como el agrícola) y un largo etc.
El creciente retroceso en el bienestar social, la progresiva e incontenible agresión contra el medio ambiente justificando la necesidad de aumentar el PIB con la de producir una cantidad inevitable de CO2, la libertad decreciente que nos conduce hacia estados policiales, son enormes agujeros negros por los que se evapora toda posibilidad de bien común. (¿O Es que hay alguien en su sano juicio que considere un bien común todas estas lacras emanadas de los Estados y de sus gobiernos respectivos y reverencie a esta institución como bienhechora?)
Las gentes deben enterarse de lo más simple: que el Estado jamás les vas a dar aquello que necesitas, votes al gobierno que voten, pues para el Estado el juego de las urnas no es más que eso: un juego para ciudadanos ingenuos.
Las “buenas conciencias bobas” ancladas en lo “políticamente correcto” no pueden soportar este tipo de afirmaciones. Para las gentes extraviadas de esta clase, el Estado es casi una divinidad paternal proveedora de bienes y ajena por naturaleza a toda clase de maldad. Así, que siempre encuentran el modo de justificar los males sociales. Tertulian, hablan aquí y allá del Derecho, de la Sociología, de Deuda Externa, de Ajustes sociales duros, y creen que el gobierno que habla en nombre del Estado y del pueblo hace lo mejor para ambos cuando toma sus decisiones. Seguramente sus cuentas corrientes están en armonía con sus argumentos, porque para muchos de estos locuaces intérpretes de la buena voluntad del César, su conciencia está unida a una sólida cuenta bancaria o a una cuidada vocación de cacatúa bien entrenada.
Hay que darles la razón, sin embargo, en una cosa: la Sociología, la Economía y el Derecho son importantes, sí pero…para el César. Nunca como hoy habían llegado a estar tan de acuerdo en pervertirse cada una por su cuenta hasta permitirse el lujo de confluir en su corrupción operando para salvar la cara del César de turno. ¿Quién nos iba a decir que acabarían tan mal? El Derecho se convirtió en la voz del poder, en la voz del Ego Dominante en cada ocasión. La Sociología, inevitablemente aliada con la Psicología Social, viene a ser respectivamente un banco de datos para el marketing social y un departamento para la modificación de la conducta de los ciudadanos. Y en cuanto a la Economía: miren cómo están nuestros bolsillos. Ya digo: ¿quién nos iba a decir que acabarían tan deshonrosamente?
Pero si las buenas conciencias ancladas en cuentas corrientes hacen hincapié en algo que consideran sólido e intocable es en el Derecho. El Estado de Derecho es su paradigma incontestable. Y uno se pregunta: ¿Qué querrá decir eso de “Estado de Derecho”? Y sobre todo ¿qué tiene ese Derecho que ver con la Justicia? ¿Acaso es lo mismo Estado de Derecho que Estado de Justicia?
Cuando un Estado invade una nación, mata a sus gentes, destruye sus bienes y roba sus recursos, ¿le ampara alguna justicia? Sin embargo, sí un derecho: el del fuerte, el de la caverna. Y eso está a la orden del día en todo el mundo por los Estados de Derecho más emblemáticos: los EEUU y la UE.
Y podríamos repasar las listas y no acabar sobre compadreos político-financieros que deben pagar los pueblos, deudas contraídas a sus espaldas que deben pagar los pueblos, gastos militares en guerras que no quieren los pueblos y deben pagarlas encima, entregas millonarias a una Iglesia enemiga de todo Derecho y justicia, recortes presupuestarios con fines sociales, ¿no son todos estas lacerantes injusticias obra del Estado de Derecho? Adjetivar a un Estado de esta manera por el hecho de que sus gobiernos sean elegidos en las urnas parece cosa de atrevidos, de indeseables o de locos. Por contra, el gran reto de la humanidad en adelante va a ser el de aprender a soportar los crecientes atropellos de sus derechos a la justicia y la creciente militarización de sus vidas cotidianas, a no ser que empecemos todos a pensar en la justicia que nos es debida y en el modo de hacernos directamente presentes como pueblos en el control de los asuntos y recursos públicos cambiando esta democracia de pacotilla que en que se arropa el Estado de Derecho por otra participativa que conduzca al Estado de la Justicia y al deseado Bien Común.


Email del Autor: pnavarro4@gmail.com
Página web del Autor: http://vozalmundo.com


Enviar por mail Enviar este artículo por email

Valora este artículo 5   4   3   2   1

Comparte  Enviar a facebook Facebook   Enviar a menéame Menéame   Digg   Añadir a del.icio.us Delicious   Enviar a Technorati Technorati   Enviar a Twitter Twitter
Artículos Destacados