El presidente ruso Dmitri Medvedev se encontraba en estos días en la gloria, comiéndose una hamburguesa con queso con su homólogo estadounidense Barack Obama. Además, como niño en dulcería, Medvedev quedó fascinado por Twitter, por lo que los mandatarios podrán encontrarse en una red social. Sin embargo, Medvedev no las tiene todas consigo.
En Moldova, el presidente interino Mihail Ghimpu decidió declarar el 28 de junio "Día de la Ocupación Soviética", lo que Moscú consideró sacrílego. Moldova tiene frontera con Rumania (y la población de ambos países es afín), que está muy dispuesta a albergar el escudo antimisiles estadounidenses. Lo preocupante es que Ghimpu haya pedido que se vayan los soldados rusos estacionados en Transdnistría, un territorio rusófono colindante con Moldova. Si ésto sucediera, el flanco sudoccidental ruso se quedaría desprotegido.
Bielorrusia, por su parte, no quiere pagarle su deuda a Rusia, por concepto de gas. El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko optó por darle refugio al depuesto mandatario kirguís, Kurmanbek Bakíev, acusado en su país de saquear el tesoro público, de unos 200 millones de dólares. Es lo mismo que Minsk, capital bielorrusa, le debe a Moscú. La prensa rusa ha ironizado que Lukashenko podría pedirle prestado al "potentado" kirguís.
En Kirguistán, por lo pronto se acabó la tensión "étnica". Junto a las provocaciones de los partidarios kirguises de Bakíev, en el sur del país habrían actuado también mafias uzbekas, ligadas al tráfico de droga desde Agfanistán. Frente a este tráfico, los rusos han decidido reforzar la base militar que tienen en Kirguistán, en Kant. La base militar estadounidense se encuentra en Manás, al norte del territorio kirguís. Sin embargo, los occidentales han manifestado su interés por construir un "Centro Antiterrorismo" en el sur kirguís. Con ayuda del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos, Washington tiene la idea de crear infraestructura militar en toda el Asia Central ex soviética. Durante los disturbios en Kirguistán, que condenó, la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva, OTSC, brilló por su ausencia y Rusia se limitó, a través del primer ministro Vladimir Putin, a darle la mano al actual gobierno transitorio de Roza Otunbaeva. Simplemente, la OTSC no supo qué hacer y Rusia dudó.
Todo lo anterior resulta de la distracción del Kremlin. Entretanto, en la ciudad georgiana de Gori, ciudad natal de Stalin, su estatua fue retirada. Como se sabe, lo que pasó, lo que pasa y lo que está por pasar bien podría ser culpa de los errores y las atrocidades del georgiano.
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