¿Quién es uno verdaderamente? Parece una pregunta estúpida, porque ¿quién no sabrá adelantar una respuesta inmediata? La cuestión se complica cuando se eliminan referencias de nombre, familia, ciudad de nacimiento, país de origen, carnets de esto o lo otro, cuentas bancarias, y cualquier otro elemento por el que se es conocido en este mundo. La cuestión se complica cuando el sujeto se pregunta por su verdadero ser, desnudo de cualquier convención y de cualquier referencia exterior a sí mismo. Uno se mira a los ojos ante el espejo y se lanza la pregunta.¿Quién eres?
¿Qué buscas? ¿Has conseguido tus mejores propósitos, o vives en conflicto? Imposible describir el enorme complejo de pensamientos, sentimientos, presentimientos, y toda clase de sensaciones que se apresuran a ocupar su espacio en cuanto el que pregunta deja de lado su personalidad social, su modo de pensar intelectual o lo que piensan o esperan de él al otro lado de la puerta. La desnudez ante uno mismo resulta difícil cuando no se tienen deseos de verse como uno es verdaderamente. Entonces se recurre al escapismo, a la excusa, a la justificación de lo que en el fondo se sabe que no la tiene. ¿Renunciaste? ¿Te rendiste? ¿Al fin elegiste ser realista y te acomodaste a los tiempos? _Entonces no te soportarás y rehuirás tu propia mirada.
Todo esto se presta mucho a hacer literatura dramática y a buscar libros de autoayuda en caso de ansiedad, pero lo mejor es aceptar las cosas como son. ¿Alguien olvidó la voz de su alma y no alcanza a reconocerla en el desasosiego que le invade, en la incomodidad que intenta disimular ante sí mismo?
¿Alguien olvidó la manera de vivir en paz consigo mismo sin tener que ocultarse con justificaciones?
¿Se vive en paz con el mundo y a pesar del mundo? La voz del alma tiene más de grito que de susurro en cuanto nos sentimos víctimas y señalamos culpables. ¿Alguien tiene tanto poder sobre uno que es capaz de robarle el sosiego y la alegría? Sí, todo esto se presta a literatura dramática, pero vivimos en un mundo difícil que ha perdido toda referencia que valga la pena para darle consistencia . Es fácil que uno pueda llegar a sentir eso mismo, ¿nos encogemos de hombros y dejamos que la vida siga sin nosotros, mientras nos agarramos al madero que flota? ¿O tenemos necesidad de reinventar el mundo? Ahora bien, ¿quién es este que se propone tal aventura? ¿Cómo es posible reinventar el mundo sin que eso implique revisar los restos de nuestros naufragios y los que el propio náufrago ha logrado salvar de sí mismo?
El problema más arduo reside en que inevitablemente arrastramos en nuestro interior – y la mirada ante el espejo lo confirma- esquemas y programas adquiridos en ese mundo que ahora despreciamos y quisiéramos ver cambiado por otro mucho mejor en el que al fin tuviera paz, sitio y voz propia nuestra alma en conflicto. ¿Acaso el mundo no lo está, si vemos cómo se desliza por una pendiente al final de la cual no existe más que el vértigo del vacío?
Moralmente caminamos hacia algo peor que la vida en la Edad Media. Incluso ya estemos viviendo eso en muchos países, en muchos grupos humanos y en muchos aspectos relacionados con la vida colectiva, tales como la desafección interpersonal, o la falta de amor por decirlo llanamente. Es difícil resumir en una palabra las consecuencias que la falta de amor y de criterios éticos provoca en nuestras vidas, y los sentimientos de perplejidad, tristeza, hastío, rebeldía, y otros que produce en los espíritus sensibles y altruistas. Pero ¿qué dice tu mirada en el espejo? ¿no tienes nada que ver, te preguntas inquieto?
¿ Tienes una utopía salvadora o ya quemaste todas las naves y no puedes regresar al punto de partida aunque quisieras?
Te preguntas por qué fracasaron todas las utopías.¿Tuvo la culpa el modelo en sí? ¿O fueron los errores a que conduce lo humano, demasiado humano convertido en poder? ¿Nada de lo humano inferior muestra esta mirada en el espejo?
El naufragio del mundo, con su carga de negatividad en forma de odio, ambición, envidia, deseos de reconocimiento personal, y toda esa basura de lo humano inferior, ¿no es consecuencia precisamente de todo eso de lo que uno mismo puede estar contaminado mientras reclama otro mundo mejor sin auto-cuestionarse?
Si algo queda claro después de tantas frustraciones históricas, tantas frustraciones sociales y personales y tanta sangre derramada para evitar todo eso, es que todos los procesos históricos han estado siempre en manos de gentes ebrias de deseo de poder arropados y seguidos por muchos fanáticos, muchos lunáticos, demasiados idealistas y muchos más ignorantes fáciles de convencer cuando el hambre aprieta más que el miedo a morir en una barricada. Ilustres intelectuales reconocidos procedentes del lado privilegiado que nunca tuvo hambre supieron y saben excitar en las muchedumbres el lado oscuro que unos y otros poseían y permitía pasar por justicia la venganza y por método correcto la violencia. Y durante un tiempo muchos creyeron en la viabilidad de la demencia organizada por aquellos a quienes se suponía mucho más instruidos y cuerdos. Tal fenómeno exige que nos cuestionemos ante nuestro espejo de nuevo por qué no hemos conseguido todavía constituirnos en dueños y gestores de nuestras vidas sin precisar a quienes tienen como meta dirigirlas aunque sea en nuestro nombre. Es difícil encontrar otra razón por la que tantos se dejan guiar y hasta aplastar por tan pocos con tan pasmosa facilidad como muestra la historia.
Mirar cara a cara a la humanidad contemplada de esta manera puede venir a ser lo mismo que buscar la propia mirada en el espejo y hacerse preguntas sobre sí mismo. Renunciar a ser quien se es para ser mejor, no solo evita el ser destruido, sino que garantiza que la humanidad sigue viva en nosotros y da un paso adelante. Pero ¿quién es uno verdaderamente mas allá del homo faber, padre de familia, ciudadano , compatriota y todos esos aderezos socializadores? Esta es la gran cuestión, y como todas las grandes cuestiones, es sencilla de abordar, pues ¿acaso no aspiramos a la bondad, al amor, a la justicia, y muchas otras virtudes que nos honran como seres evolucinados? ¿en qué medida representamos todo eso en lo que creemos? ¿O solo estamos de acuerdo?
Somos hijos del amor, tal es muestra condición espiritual.Si damos posada al odio, a la avaricia, a la violencia y falta de escrúpulos y demás basura que constituye la esencia de la sociedad de la barbarie en que vivimos inmersos, nos veremos arrastrados no solo hacia la destrucción a que esta nos conduce, sino también hacia nuestra involución y autodestrucción.Es, pues, el amor, como siempre lo fue, la energía capaz de liberarnos. En la medida que amamos – y a nosotros en primer lugar- somos capaces de aceptar la verdad que libera y en ella nuestra propia libertad. En la medida que somos libres por amor estamos ya socavando los cimientos de esta oxidada civilización y colocándonos cada uno como pilares esenciales de una nueva, cuya definición exacta ignoramos, pero cuyo contenido dependerá absolutamente de lo que cada uno haya descubierto mirando en lo profundo de sí mismo y de lo que haya hecho después con ese conocimiento.Sin duda esta es la aventura más importante de nuestra vida: aprender a descubrirnos para tranformarnos en mejor de lo que somos.
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