Creo que una de las causas más importantes del fracaso de la izquierda revolucionaria histórica (anarquista, comunista, socialista) se ha debido a elementos tan poco valorados como el desarrollo de la conciencia moral de los pueblos. La conciencia social no es un pilar suficiente para edificar un sistema de vida convivencial justo y pacífico si no consta de un elemento interno espiritual: el elemento conciencia moral. A partir de ella sí es posible elaborar una conciencia social progresiva.
Puede objetarse que la conciencia moral es asunto privado, pero si no existea un nivel genral suficiente, como ha sucedido en Rusia, en China y ahora en Cuba, poco a poco, la conciencia social se desmorona y es fácil presa del capitalismo para volver a tender sus redes y exprimir a los pueblos antes conquistados por el pensamiento revolucionario. Por eso nunca nos sacudimos la amenaza del fascismo.
Al no ser la conciencia moral – aunque se hable mucho de moral revolucionaria -el objetivo de los dirigentes revolucionarios, estos se endiosan, y acaban por reproducir en sus pueblos los mismos o parecidos esquemas de dominio y control que ya ejercieron los poderes reaccionarios a los que antes desbancaron. Así es fácil comprender la involución de las revoluciones. Esto es muy peligroso para los pueblos, porque pierden la fe no solo en esos dirigentes, sino en los principios mismos.
¿Es preciso formar a las generaciones jóvenes desde una base de principios morales de “larga duración”? Por mi parte no tengo duda alguna en ello. Sin embargo es preciso utilizar unos valores espirituales asumibles moralmente por todas las creencias espirituales y alejados del dogmatismo eclesiástico. Esos valores deberían ser transmitidos en las escuelas y asumidos por las familias mediante diversos medios: libertad, amor, solidaridad, justicia, compromiso, igualdad, hermandad, unidad, responsabilidad, trabajo como servicio, capacidad critica, respeto a la verdad y al prójimo por ejemplo, son valores en perfecta armonía con las enseñanzas espirituales básicas de todas las religiones, pero también con el sentido común de las buenas gentes y son base de evolución social.Ahora bien: es preciso estat atentos porque se prestan mucho a ser desacreditados sutilmente y digeridos por el Sistema.
La utopía siempre ha existido como una referencia hacia el progreso, pero las utopías deben tener una consistencia y una legitimidad espirituales. Ambas son posibles, pues si la Naturaleza funciona con leyes que favorecen el bienestar de todos los seres que formamos parte de ella, ¿por qué ha de oponerse el hombre a colaborar con esas leyes en la medida que le compite hacerlo? ¿Por qué ha de mantener nuestra especie esta actitud egocéntrica y suicida en el uso de los bienes materiales, ejerciendo los ricos actividades destructivas hacia hacia sus semejantes y hacia la Naturaleza de la que cada ser humano forma parte totalmente ? ¿Por qué las industrias que destrozan el medio ambiente y las diversas formas de violencia interpersonal social y laboral ? Las guerras, las enfermedades, las desigualdades sociales extremas, los abusos de poder y el maltrato a todas las formas de vida son la consecuencia de un infradesarrollo no sólo de la cultura que nunca evitó los desastres sociales, sino de la propia conciencia social y finalmente espiritual.
La conciencia social no lleva necesariamente a la espiritual pero al revés sucede que la conciencia espiritual desarrollada conduce a la conciencia social y da impulsos para cambiar lo negativo en positivo a nivel personal y a nivel colectivo.Creo honradamente que día que la humanidad llegue a asumir los diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña como guías de conducta personal y colectiva se podrá llevar a cabo una revolución mundial sin precedentes y se podrá conseguir la verdadera transformación que soñaron y desearon los mejores espíritus, desde Jesús hasta el último profeta, el último revolucionario o el último hombre de buena voluntad.
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