IGUALDAD, DESIGUALDAD Y OTRAS GRAVES CUESTIONES DE LA HUMANIDAD
¿Qué nos impide ser libres, iguales, personales y felices?
Históricamente, las guerras consagraban y consagran divisiones y establecían y establecen nuevos repartos de poder entre clanes contendientes, producían y producen daños irreparables – y no sólo físicos, claro está- a personas, animales, y al propio Planeta. Esta es una fuente fundamental de desigualdades. Los vencedores se permitían y permiten tomar de los vencidos cuanto les convenía y conviene, e imponerles su control, sus dioses, sus costumbres y sus leyes hasta hacerles perder sus señas de identidad milenaria como pueblos y convertirlos en simples suministradores de energía sin personalidad. Esto no ha cambiado en lo más mínimo a lo largo de los tiempos. En nuestro mundo moderno, a partir del colonialismo, el neocolonialismo y las guerras de rapiña por el control geopolítico, de fuentes de energía y minerales que observamos hoy, es bien notorio este proceso. Lo que llamamos globalización no es más que lo que podríamos denominar “la mismidad multiplicada”, la universalización de productos de todo tipo para uniformar su consumo y de un sistema de producción paralelo de pensamiento uniforme obviando las particularidades del modo de pensar y ser de cada habitante del Planeta al que se desvirtúa o se manipula para adaptarlo a las necesidades del sistema de producción. Imponer la uniformidad arquitectónica, uniformar vestimentas, comidas, cultura para consumo, costumbres, arte, comercios, y crear necesidades para crear consumidores, todo eso es parte del proceso de la mismidad globalizadora y de la alienación individual y colectiva. Este es el único principio de igualdad que entiende el capitalismo.
Esta filosofía de la uniformidad en contra de la igualdad; del imponer sobre el proponer; del alienar sobre el liberar es practicada desde hace siglos por las Iglesias, de las que el capitalismo aprende tanto.
Obsérvese lo que ha sucedido a partir de la segunda guerra mundial en Japón -y en otros lugares posteriormente - donde los poderosos aliados occidentales fueron poniendo su bota militar, sus bancos, sus negocios, sus centros de espionaje, sus curas y sus diversos modos de aprovecharse de recursos ajenos. Obsérvese el bandidaje y exterminio contra la cuna de la civilización en Mesopotamia, llevado a cabo por los defensores del famoso binomio libertad-democracia. Obsérvese el genocidio calculado contra el pueblo palestino, tan semejante a los genocidios contra los pueblos indígenas. Ya ven en qué consisten las actuaciones de los paladines de las (supuestas) “ley y orden” de la libertad=democracia (!!!) en África, Asia y América Latina.
¿Y qué decir del rápido deterioro medioambiental y social de India y China? Se celebra que sean potencias económicas emergentes como si eso de incorporarse a este absurdo sistema de producción (también de desigualdades) fuese para ser celebrado por esos pueblos. ¿Qué decir de las locas carreras impuestas por sus gobernantes para ponerse al día en economía capitalista, en reproducir el clasismo occidental al crear élites de nuevos ricos y nuevas clases medias de consumidores y de trabajadores en situaciones de explotación medievales? A ello se añade la persecución al disidente, la barbarie de su código penal con la pena de muerte al orden del día, el despilfarro en gastos militares, y en bienes ecológicos a costa de la miseria y la calidad de vida de sus pueblos. Todo esto es injusticia sobre injusticia, desigualdad y fuente de desigualdades.
La voracidad del modelo capitalista neoliberal, extendido por el mundo como una sucia mancha destructora con la excusa de un progreso en que sólo pueden creer ya los ingenuos y descerebrados, está acabando con la cultura original de todos los pueblos de la Tierra, cortándola de raíz y desviándola hacia el consumo, el vacío espiritual y la falta de valores morales que caracterizan desde hace ya mucho a un Occidente largamente pervertido y colonizado económica, moral, cultural y socialmente. Algo que es observable en Europa, arrastrada permanentemente por el criminal “amigo americano” hacia sus frentes de guerra y sus negocios más o menos compartidos.
Todos estos desmanes están dirigidos por supuestos cristianos del estilo de Bush o de Obama y bendecidos por las Iglesias, que se dicen partidarias de la justicia, de la vida y de la igualdad entre los hombres, pero todos ellos y sus Iglesias son en realidad enemigos de Dios y amigos de Su contrario. El Papa y el Emperador siempre cabalgan uno al lado del otro dirigiendo las huestes del anticristo. Y si alguien se tiene que arrodillar ante alguien siempre es el césar ante el papa.
Este es el rostro de la ley y el orden mundial, que es también el rostro de la desigualdad, y, por tanto de la injusticia planetaria.
Las otras leyes.
La ley y el orden del mundo ¿es, acaso, la ley y el orden de Dios? ¿Es este el camino de la libertad, la justicia, la unidad, la igualdad, la hermandad entre personas y pueblos? Teníamos entendido por Cristo que eso es lo que Dios desea para Sus hijos. Pero el libre albedrío permite que estos vayan en Su contra y rechacen Sus leyes como sucede con Sus enemigos los poderosos, los partidarios de las guerras y las injusticias sociales.
Algunos culpan a Dios por no intervenir en los asuntos humanos, pero de hacerlo, ¿acaso no coartaría nuestra libertad convirtiéndonos en marionetas y yendo así contra Sus mismos principios? ¿No tacharíamos a Dios de manipulador? ¿No somos nosotros los que creamos las injusticias y el desorden o colaboramos en ellas? Justo es que deshagamos nuestros entuertos. Si pensamos que debemos evolucionar ¿Seríamos capaces de hacerlo sin superar lo negativo que nosotros mismos creamos?
Dios nos marcó un camino con Sus leyes que no prohíben sino que expresan un “tú deberías” en una traducción no eclesiástica. Son estas los contenidos de los diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña, expresión sintetizada de de las leyes cósmicas básicas aceptadas por todas las creencias espirituales y las conciencias de las buenas personas, Cumplir estas leyes nos lleva a la unidad, la igualdad y la justicia. Pero ¿quién reconoce en el comportamiento de los dirigentes políticos o espirituales que se llaman cristianos estas leyes si precisamente tratan de impedirlas? Cumplirlas por nuestra parte nos llevaría a cumplir el sueño de los mejores de entre nosotros: libertad, igualdad, fraternidad, unidad y justicia. Estos son los cinco principios revolucionarios espirituales.
Estamos aún lejos del final de este camino, y por tanto la sociedad en que vivimos refleja consecuencias como las que siguen.
La desmovilización de las conciencias tiene graves efectos.
Corrompido por el Occidente cristiano y democrático dirigido en verdad por los enemigos de Cristo y los enemigos de la democracia, el mundo entero se halla desconcertado, desmovilizado, empobrecido y desmoralizado a todos los niveles, impidiendo a los habitantes de eso que llaman mercado global reaccionar contra los males que tenemos que soportar y evolucionar desde su propia libertad y sus propias raíces culturales, creándose de continuo nuevas divisiones entre las gentes sin acabar con las antiguas, y olvidando que desarrollo = contaminación es un modelo agotado; que progreso= bienestar es una falacia y que los recursos de la Tierra se agotan mientras esta se agita a causa de nuestros venenos.
El modelo económico basado en la estúpida idea de pretender con recursos limitados un desarrollo ilimitado no tiene porvenir alguno, pero los pueblos en su conjunto carecen ahora mismo de las ideas, la conciencia ética y de unidad y la voluntad de poder necesarias para detener el proceso de deterioro irreversible en que nos hallamos. El árbol humanidad no da frutos maduros todavía. Como ocurre en los árboles, unos pocos frutos aquí y allá maduran antes, pero la cosecha total no está para coger. Esto pinta mal, no nos engañemos. La Tierra, envenenada y empobrecida, no puede dar más de sí. Este tipo de progreso es incompatible con la vida, pero a él sólo nos oponemos minorías dispersas y desunidas a la hora de formar un frente común que apague el incendio universal producido por la barbarie capitalista Y el capitalismo, sin tener frente a sí fuerzas organizadas, unidas y persistentes, sigue arrasando bosques, recursos energéticos, países enteros y conquistas sociales.
Como todas y cada una de las leyes divinas son violadas en cada imposición de los enemigos de la vida contra los pueblos dominados y extorsionados a lo largo de toda la historia conocida, y los propios pueblos no han reaccionado a causa del atraso de su conciencia y de su ignorancia que les priva de poder, el conjunto de la humanidad se ha ido cargando de un karma colectivo,- variable en cada persona en función de su grado de complicidad, - como resultado de los daños a la naturaleza, de unos a otros y de la rebeldía de la mayoría contra las leyes cósmicas divinas.
La vida no tiene fronteras físicas.
Ahora estamos empezando a cosechar toda esa deuda en los principios de este siglo y cada uno tendrá que recoger su propia parte. Aquí o en los planetas materiales o semi-materiales del Más Allá. Porque el Más Allá existe, como confirma la física contemporánea en el estudio de los campos subatómicos. Y en el Más Allá, planetas de energía que son planetas de registro, acogida, y purificación como enseña el cristianismo originario, desde donde podemos volver a encarnar aquí para la siguiente existencia. Y según lo que podamos evolucionar en ellos, podemos pasar a otros planetas acordes con nuestros niveles de conciencia. Es indudable que el nivel de un criminal no es el de un místico y como energías individuales siguen caminos diferentes aunque seamos iguales para Dios y finalmente todos consigamos la perfección después de un cierto número de existencias que depende de nosotros determinar. .Aquí no puede haber desigualdad. En cualquier caso todos nosotros por ser seres de energía consciente somos inmortales y conservamos la conciencia, pues ninguna energía se pierde. Por tanto la muerte como destrucción del ser no existe. Sólo del existir en este plano. El cuerpo muere, pero sólo eso. En esto coinciden todos los místicos perseguidos con las enseñanzas auténticas de Cristo que han sido ocultadas por las Iglesias y los Estados para tener a la humanidad atrapada en su estrategia permanente del miedo. En este caso, del miedo a la muerte para crear en la gente la necesidad de sentirse protegidos contra ella por el poder político o militar más fuerte o por las Iglesias como intermediarias y gestoras de los asuntos entre este mundo y el otro, intentando hacernos creer que pueden salvar o condenar a quien ellos decidan.
Pero las leyes de Dios, que son las de la energía cósmica no admiten mentiras ni excepciones humanas porque nosotros no somos otra cosa que energía y al morir muere la forma externa, el “traje material”. Lo pensamientos y sentimientos de cada uno son entonces esas energías que no se pierden: únicamente se pueden transformar voluntariamente por el libre albedrío personal.
El proceso de liberación no es únicamente social.
¿Quién no es consciente de que casi todos los impulsos liberadores de los movimientos anticapitalistas se dirigen hacia las ideas políticas y las practicas antisociales del capitalismo? Pero estos no son los únicos campos de batalla, porque existe el de los enemigos internos de cada uno que llevan a sentir y actuar a menudo en contra de lo que intelectualmente queremos cambiar.
En el caso de los actos contra las leyes divinas, las energías contrarias a esas leyes originan karmas o deudas, también conocidas como pecados, faltas, o de otras maneras, que, como energías contrarias a las leyes cósmicas, actúan negativamente contra quien los comete mientras no se libera de esas cargas. Y liberarse es posible mediante el reconocer, el perdonar, el pedir perdón y el no repetir lo mismo. De ahí la parábola del Hijo Pródigo. De lo contrario, el imaginario Infierno sí tendría razón de ser. No existe el Infierno, pero sí el sufrimiento personal cuando cosechamos lo sembrado contra la ley del amor, que es la ley fundamental del universo. Y esto aunque no tengamos ya cuerpo físico.
Pero mientras llega el momento del arrepentimiento, de la vuelta atrás, del perdonar y del pedir perdón, toda la energía negativa que se viene creando por el conjunto de la humanidad desde que los seres humanos nos apartamos de nuestro origen divino, y la que cada uno de nosotros ha generado, se halla presente en el Cosmos, pues ninguna energía se pierde. Y si no se pierde, ¿adónde va? Primero a nuestro Planeta, luego a los astros de energía afín, y finalmente vuelve a cada uno como cuando lanzamos una pelota a la pared de enfrente.
Si pudiéramos visualizar las partículas del éter que circundan nuestro planeta veríamos cómo esa energía se encuentra en torno a la Tierra formando un cinturón electromagnético. En él se hallan recogidos todos los hechos de la humanidad, todos sus pensamientos y palabras, pues ninguna energía se pierde, como se viene diciendo. Y si pudiéramos visualizar el halo electromagnético ovoide que que nos envuelve - producido por nuestros pensamientos y sentimientos- nuestro cuerpo cromático de energía personal- encontraríamos muchas pistas sobre lo que emitimos a esa grabadora cósmica que nos circunda, nuestra contribución. Más aún: si alcanzásemos a ver el Cosmos en profundidad observaríamos cómo existen planetas de grabación donde quedan registrados instante a instante todas y cada una de nuestras sensaciones, pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Estos planetas de grabación son esos aludidos planetas de purificación correspondientes a diferentes niveles de conciencia a donde iremos tras la muerte física, al ser de energía afín a nuestras emociones y pensamientos previamente enviados a lo largo de nuestra existencia. Ya nos dijo Cristo: “En la casa de Mi Padre hay muchas moradas”. “Donde esté vuestro tesoro, estará vuestro corazón”.
Cada uno escribe su destino. No existe la fatalidad ni el azar. Todo eso son inventos románticos. La igualdad, no. La igualdad y la libertad son derechos divinos en cambio, porque Dios nos creó libres e iguales. Lo que hacemos con esos regalos de la vida ya es cosa nuestra.
¿Cuál es nuestra responsabilidad en el cambio del clima y en las catástrofes que produce?
Algunos pueden resistirse a pensar que la energía colectiva que generamos a través de nuestros modos de pensar, sentir y actuar no tiene efectos sobre la atmósfera terrestre. Pero en cuanto tomamos conciencia de la universalidad de la ley de conservación de la energía y de la ley de causa y efecto podemos comenzar a sospechar que la relación entre nosotros y el cambio climático es más compleja y concreta de lo que parecía en un principio. Ahora vislumbramos que existen más argumentos que los expuestos normalmente en los medios de comunicación para provocar un fenómeno de semejantes dimensiones. Ahora tomamos conciencia de que todo lo que sucede en nuestro mundo, sin excepción posible, tiene que ver tanto con nuestros desmanes contra los demás como con los desmanes contra el ser vivo llamado Tierra. Y este ser está reaccionando, dolorosamente para quien sufre las consecuencias.
A modo de resumen: ¿Qué podemos esperar de no dar la vuelta?
Veamos: durante milenios nos hemos matado entre nosotros; hemos cazado, exterminado y torturado especies animales, robado, violado, adorado ídolos, ofrecido sacrificios humanos, practicado el canibalismo y la esclavitud, destruido los recursos de la tierra o envenenando el medio ambiente, albergando sentimientos negativos de odio, envidia, deseos de venganza y codicia, en nuestro corazón .Hemos actuado incluso contra nuestras familias dañando a conciencia a personas próximas, y, fuera de ellas, exterminando razas y reduciendo a cenizas a pueblos enteros y a comunidades que piensan de forma distinta o tienen algo que deseamos y queremos arrebatarle por la fuerza. En una palabra: durante milenios hemos estado atropellando toda clase de leyes divinas y humanas sin que hayamos sido capaces hasta ahora de cambiar el rumbo.
En cada época se repiten las mismas historias una y otra vez; y cada día desde hace milenios emitimos sin cesar al cinturón magnético terrestre toda nuestra basura energética bajo formas de pensar, sentir y actuar contrarias al orden natural y espiritual. Esta energía tiene una vibración y una frecuencia de onda que choca con la propia del Planeta, la altera y termina por llegar a un nivel de influencia capaz de producir respuestas de la entidad Tierra como las que estamos viendo a diario.
Esta influencia perturbadora no se detiene, sino que .por medio de las permanentes emisiones electromagnéticas interplanetarias cada Planeta emite y recibe sin cesar energías afines de otros astros debido a la Ley de Semejanza. Este es el de modo cómo las emisiones negativas de la humanidad -potencialmente destructoras- acumuladas por el Planeta Tierra en su campo electromagnético, se convierten en material de intercambio. Y este es el modo cómo recibimos lo que nos vuelve, tanto la Tierra como cada emisor humano, reforzando en ambos aquello mismo que se emitió. ¿Qué podemos esperar los sembradores sino recoger la cosecha que nos corresponde? Algunos llaman a esto “destino ciego”, “casualidad cósmica”, “azar”…Como si el universo fuese un caos en vez de lo que es: un sistema ordenado de leyes inflexibles. Y nadie escapa a estas leyes por muy escépticos que seamos.
Email del Autor:
navarro-valero.patrocinio@yahoo.es
Página web del Autor:
http://
Enviar este artículo por email