La Iglesia católica no debe seguir llamándose cristiana. ¿Qué diría Jesús de Nazaret si viniera de nuevo en esta época a la Tierra y viera lo que la Iglesia ha hecho de la obra de Su vida?
Jesús enseñó el Dios del amor, que ama a todos Sus hijos por igual e intenta todo para volver a tenerlos a Su lado. Él no enseñó un infierno eterno. Él tampoco enseñó que había que bautizar a bebés, sino que dijo: «Primero enseñad y después bautizad». Sin embargo la Iglesia ha introducido el bautismo obligatorio de los bebés y lo sigue manteniendo hasta nuestros días. Un bebé no tiene la posibilidad de defenderse. Esta práctica está en contra de Jesús de Nazaret; es una manipulación, una limitación anímica para los indefensos niños llevada a cabo por los padres y por orden de la Iglesia.
Y por si no fuera suficiente, la Iglesia difunde todavía la imagen pagana de un Dios que castiga con la condenación eterna a aquellos hombres que no siguen a la casta sacerdotal. Con ello causa miedo en innumerables personas, les hace perder la salud anímica y los distancia de Dios. Este es un pecado contra el Espíritu Santo.
Por todas estas cargas anímicas que la Iglesia ha impuesto a las personas surgen muchas enfermedades anímicas, entre ellas las llamadas neurosis eclesiógenas. Y como son tantas las personas afectadas por estas enfermedades, se entiende mejor el estado en que está este mundo.
Esta Iglesia que además es sexófoba produce grandes complejos de culpabilidad en las personas, cargándolas con terrible mala conciencia y amenazándolas una y otra vez con culpas y como no, con la condenación eterna. No obstante después tiene el atrevimiento de afirmar que a través de sus sacerdotes, puede perdonar los pecados. Pero ellos realmente no pueden perdonar de ninguna manera a nadie. La Biblia ha sido manipulada conscientemente en este aspecto, pues en realidad las personas son las que deben perdonarse mutuamente sus pecados. En el Padrenuestro se encuentra aún correctamente: «así como nosotros perdonamos a nuestros deudores».
También la sexofobia de la Iglesia ocasiona graves problemas en la sociedad, sobre todo entre los sacerdotes. El celibato obligatorio no tiene ningún fundamento bíblico, es por tanto una mera tradición de la Iglesia y además un estado antinatural que a menudo va acompañado de la pedofilia y de los terribles crímenes que resultan de ella.
Se transmite la sensación de: «Todos vosotros sois pecadores y seguramente vais a ir al infierno, a no ser que os sometáis a nuestras ceremonias». Esto es un chantaje anímico que si lo practicara el Estado o cualquier asociación, inmediatamente se intervendría con motivo más que justificado, alegando que se trata de aterrorizar espiritualmente.
Extracto de la demanda presentada ante el Triunal de Friburgo (Alemania) por Dieter Potzer y otros contra el Arzobispado de Friburgo.
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