Hoy nuestro Planeta se encuentra en estado de alerta. También muchos países, economías, y culturas. Cada día añade nuevas catástrofes a la ya larga lista. Este es el resultado final de todas las actividades de una especie que ha resultado dañina finalmente, cuya capacidad de destrucción entre sí y hacia su Planeta se ha multiplicado hasta poner en peligro la vida propia y la de todas las demás especies, sumidas por su causa en un proceso de extinción acelerada: la 6ª gran extinción, la única producida artificialmente violentando el orden cósmico de la Naturaleza.: Se ha perdido el sentido de lo sagrado. (Algunos, ni creen en algo semejante).
POR QUÉ NO MEJORAN LAS COSAS
Los objetivos -unos conscientes y otros inconscientes- de gran parte de la especie humana olvidada de su origen divino y ajena a su condición espiritual trascendente, son el acaparamiento de bienes en su más amplia diversidad de acepciones, el gozar de los sentidos y el deseo- tan egoico y enfermizo como los otros- de destacar como dioses por encima del resto de los mortales aunque eso suponga para los más poderosos destruir las condiciones de habitabilidad de nuestra madre Tierra. Y si la mayoría no consigue todo lo que desea, envidia u odia a quienes realizan sus propios anhelos, pero a la vez les admiran e imitan. Por eso las cosas no mejoran.
LOS PERVERSOS Y LOS INGENUOS
Distintos gurús de la política, la cultura o las religiones oficiales pretenden dar sus recetas de salvación para ser libres, felices, y sabios, pero ninguno de ellos es un ejemplo de lo que predica. O son dictadores (reprimidos, jubilados, o activos), intelectuales amargados o inquisidores espirituales. Todos ellos hablan sin la conciencia como sostén. Ninguno habla en defensa de lo sagrado, porque lo desconoce o lo desprecia, pero sí puede aprovecharse de lo espiritual como excusa para una cruzada fundamentalista, como hace la Iglesia desde Inocencio III o al servicio del fundamentalismo neoliberal del que el fanático Bush y sus clones han sido los mayores exponentes hasta ahora. El egocentrismo, lo humano inferior, en manos de gentes como las mencionadas, pretende usurpar el poder de lo sagrado y anularlo. Desde el punto de vista espiritual esta es la lucha verdadera a que es preciso hacer frente: el enemigo puede haber anidado en nuestra mente y en nuestro corazón, y hacernos creer que el desenfreno del consumo, el tener trabajo aunque sea inmoral (como fabricar explosivos, armas, poseer licencia para matar personas o animales, o ser dirigente de la partidocracia) es lo máximo a que podemos aspirar. Se viene intentando dejar al margen de la “cosa pública” la conciencia y las leyes divinas, igual da se trate de un gobierno, se llame como se llame, que de una institución Iglesia se llame como se llame.
LA ÚLTIMA BATALLA
El último bastión del control político-eclesiástico de nuestro mundo es precisamente el control de la conciencia. En cómo acceder al control sobre la conciencia es en donde se esmera más el sistema Iglesia-Gobiernos para imponer sus criterios de dominación vampírica aprovechando y reforzando las debilidades humanas tales como el miedo, la ignorancia, o los deseos inferiores del ego humano.
A pesar de que arrastramos nuestras miserias egocéntricas desde mucho antes, es a partir de los dos últimos siglos, y de un modo progresivo, que nuestro Planeta ha ido sufriendo un enorme grado de deterioro por la influencia negativa de un modelo de desarrollo tecnológico y económico extremadamente destructivo con el medio ambiente y productor de desigualdades sociales extremas. Es en manos del capitalismo y bajo el poder de sus representantes financieros, políticos, ideológicos y religiosos, que se han producido guerras, múltiples genocidios, hambre, migraciones forzosas, desorientación espiritual, este deterioro medioambiental ya irreversible y otras calamidades, hasta el punto que bien puede afirmarse que nos hallamos en el fin de una Era a la que podríamos llamar Era de la Confusión o Era de la Tecnología Destructiva y Autodestructiva.
DOLORES DE PARTO Y SALIDA DEL TÚNEL
Nos deslizamos vertiginosamente en un tobogán, en medio de un enorme caos colectivo con mil facetas, hacia lo que será -tras un doloroso proceso de transición- el Reino de paz anunciado por Cristo y por las profecías de muchas culturas (Mayas, egipcias. Indias); un mundo nuevo necesariamente muy diferente del actual. En el florecerá la bondad y el espíritu comunitario que todos deseamos. En este reino ya no podrá tener cabida el modo de pensar, sentir y actuar de los humanos sumisos o cómplices de los mismos que les dominan, a los que imitan en sus modos de vivir en la medida de sus posibilidades y a los que admiran debido al atraso de su evolución espiritual y cultural y la poca disposición que muestra la actual humanidad a revisar su conciencia y a vivir de acuerdo con las leyes cósmicas. Se piensa que estas pueden ser burladas a voluntad. Se podrá ir contra ellas, como se hace contra las leyes de la Naturaleza, pero las repercusiones negativas sobre la salud física y espiritual no se pueden burlar. ¿O es que alguien cree que los curas perdonan los pecados o las medicinas curan más allá de los síntomas de una enfermedad? …
Sumisos, indiferentes y cómplices, pero disfrazados de tolerantes, las grandes masas de humanos asiste pasivamente a este enorme desastre a gran escala que conduce al fin de esta civilización materialista. De esta civilización y no de la Tierra, como algunos pretenden. La Tierra tiene su propia dinámica en consonancia con las leyes del Cosmos y camina aceleradamente hacia un salto evolutivo, un salto hacia un nivel superior de vibración que dará lugar a una materia terrestre más sutil. Esto supondrá muchos cambios y catástrofes naturales, pues Gaia, como todo ser vivo, si quiere sanar tiene que sacudirse todos los venenos que le hemos ido vertiendo.
LA FÍSICA Y LO SAGRADO
Tras los cambios depurativos planetarios que empiezan por el clima y sus efectos secundarios, aquellos que no estén en la misma vibración de la Tierra no podrán encarnar aquí. Serán rechazados por la enorme disonancia energética. Así lo explica Cristo en numerosas manifestaciones proféticas, lo que concuerda perfectamente con las leyes físicas de la teoría de los cuantos de Max Planck, Einstein, la mística oriental y las enseñanzas de iluminados y profetas de todos los tiempos. El mismo Cristo habla también de la relación entre los cuantos, la conciencia espiritual y la salud en una gran manifestación que fue recogida en forma de libro y titulada “Origen y formación de las enfermedades” (véase a este respecto www.vida-universal.org.)
La ley es igual para todos: igual atrae a igual, y lo que tiene distinta vibración se encuentra en un distinto plano como sucede a los electrones que forman órbitas alrededor del núcleo del átomo. También el sentido común nos indica algo: cada uno va con quien tiene más afinidades.
Los grupos humanos formamos al fin y al cabo grandes grupos de energía afín, enormes redes de vibración semejante entre las cuales se da una relación igual o diferente a la que tenemos con el resto de grupos según la vibración. ¿Cuál es la nuestra? ¿La que forma parte del problema emitiendo negatividad o la que porta soluciones? Esta última es la que ha dado origen al mundo que vivimos a diario, con todas sus miserias personales y sociales y con el añadido del cambio climático cada vez más presente en nuestras vidas. Ahora los cuatro elementos (agua, aire, fuego y tierra) devuelven a los hombres los abusos y daños que les infringimos a diario. El Planeta se ha rebelado contra la especie que le daña y ha iniciado su propio proceso de depuración visible en el clima y en las catástrofes naturales.
Es esta una hora seria de la humanidad: la hora de mirar en nuestra conciencia y averiguar cual es nuestra parte, qué tenemos que ver en todo esto. ¿Hay alguien que pueda decir que está libre de haber contaminado nuestro mundo aunque sea en forma de pensamientos negativos?
La sexta raza, que es la actual, no ha mejorado en nada a las precedentes y el vaso de la Tierra se colmó y se derrama.
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