I
Se puede argumentar que es, cuando menos, un irrespeto escribir un texto crítico desde supuestos o puntos de vistas cuasi-emocionales, nada más cierto. Pero, para quien decida seguir leyendo, debo aclarar que no pretendo hacer crítica literaria; solo soy un lector, uno, además, con una óptica muy subjetiva en lo tocante a la poesía, yo diría que instintiva. Creo en la reivindicación de la posición del público, de su mirada, creo que da solidez y perspectiva a la comunicación en el proceso cultural. Por eso me aventuro, de cuando en cuando, por la senda de leer en público mis apostillas, las notas a los libros sobre mi mesa de noche; entiéndase este texto como eso, no es nada más.
II
La contemporaneidad ha desarrollado una serie de paradojas que, antes que resolver las eternas interrogantes humanas, nos exponen cuan complejo es el ser humano. Una de esas seductoras paradojas es la de convertir a la innovación y a la ruptura en la definición de una nueva aceptación de clásico; hoy, podríamos decir que se es clásico en tanto novedoso, que es como afirmar que defines un tiempo, desde el punto de vista estético en tanto rompes con la tradición.
En estos días, cuando recorremos tiempos de reajuste y de asimilación de la enorme avalancha de novedades que nos regalaron las vanguardias; cuando se nos hace necesario el uso de prefijos como post, trans o neo, la creación requiere de un claro compromiso no con la ruptura, sino con la autenticidad, con la capacidad de ser transparentes, verticales y consecuentes con el discurso; es una especie de deontología del hacer creador una regla dorada fundamentada en la pluralidad de las fuentes creativas que pueden ser asimiladas, y en la responsabilidad de reconocer, si es que esto es posible, que de esas fuentes se acerca a los requerimientos expresivos de cada quien.
III
¿Acaso es factible que una palabra compendie de alguna manera la propuesta de un texto poético?. La sola palabra “Escozor” anuncia el encuentro con una voz gestada en la exclusión, nos predispone ha transitar un decir construido desde el rechazo y la distancia, pero además desde el malestar y un arrojado sentido de repugnar a priori; aspectos todos que colocan este libro de Leonardo Pereira Meléndez dentro de la tradición moderna del choque como propuesta estética:
“OTRO DÍA la espina en el ombligo
Espejismo a golpes de piedra
Desbastan el escozor que queda
Alambres de púas siembran en mi boca
Duele ser el elegido.
Todo el poemario prefigura claves sobres aspectos diversos de la contemporaneidad literaria: versificación asentada sobre la búsqueda de un ritmo vinculado a las necesidades expresivas; sentido de síntesis y desnudez de la imágenes; rigor en el uso del adjetivo y en consecuencia construcción de una poesía sustantiva, y ese tono de lamento-injuria-proclama, todos aspectos extraídos y pasados por el tamiz de una voz que ya comienza a escucharse propia:
“VÍCTIMA de la hora agudizo el camino
Un montón de militares
Me aborda
Mi Dios es mujer hecho calabozo”
Me salta en “Escozor” una tensión velada que tiene su sustrato en el enfrentamiento del poeta con su entorno, con su tiempo. Es una discusión ética al respecto de la supra-moralidad del creador y su obra, en contraste con los parámetros morales de la convivencia humana. Es la metáfora del poeta maldito en el prólogo de “Las flores del mal” de Baudelaire, del proscrito en los “Cantos de Maldoror” del Conde de Lautremont, del desgraciado en el “Nocturno” del “Cielo de esmalte” de Ramos Sucre y tantos otros. Es el momento en que la estética del outsider devela su carácter de sentencia, su capacidad de señalar lo limitado de las pautas del bien vivir:
“ME VEN izando la Bandera
Esta vez escupo el pecado”
“QUIERO decir hombre
y el carcelero abre mi herida”
Si sobre el artista se cumple una ¿sentencia ejemplarizante?, así parece asumirlo Pereira Meléndez, la obra construida desde ese instante y por un período indeterminado es un ejercicio de expresión existencial, en el que se mezclan con una fuerza inusitada las vivencias, las reflexiones y las emociones, se puede decir que cada poema, en este caso, obedece a un instinto volitivo, quizá ese sabor a sobrevivencia de estos poemas:
“CONOZCO el dolor no me apresuro
Malignos pensamientos agazapan el águila
La peinilla del Guardián rompe mis signos
Hoy tengo el ceño fruncido
A tiempo disipo la existencia.
Cuando el poema emerge de la voluntad de ser no repara en el sentido pacato de las palabras, cada palabra es un símbolo, una posibilidad para decir, para interpretar; visto así; no hay malas ni buenas palabras, solo hay palabras que nos muestran visiones plurívocas de la vida.
“SE QUE es imposible ocultar
Que soy el preso más peligroso
Han descubierto que me masturbo
/ con la palabra”
Si la palabra ha perdido su significado moral debemos buscar en cada imagen su correspondencia vital, el lado sensorial que nos conecta con nuestros instintos, para así redefinir nuestras apreciaciones. Es una poética sustraída a la animalidad, reconocida en una grafía que es más gesto, en una voz que es más aullido:
“LADRO
Me veo
Disimulo
No me acostumbro a este animal
Que voy siendo”
Cuando el bardo asume que su trabajo lírico esta más allá de nuestras reglas morales comienza a proponer una poética que avizora una concepción abierta de lo bueno, de lo lícito, de lo permitido, de lo aprobado. Es una especie de teología del arte que muestra al hacedor como un iluminado, el reo que renace en profeta, un nabis, - acaso podemos olvidar a Rimbaud.-
“PIERDEN el tiempo
me agrada el Sacrificio”
“ME querían
Aquí me tienen
Que nadie diga que no se lo advertí”
IV
Esta lectura compartida evidencia que el proceso creador está vinculado al sustrato cultural del autor, ya que este se apropia de aquello que de lo conocido marca estigmas en sus vivencias y reflexiones; por tanto la novedad no se nos antoja más que una sucesión de premisas que arropadas bajo la percepción de alguien particular nos suenan, en la cercanía, algo inusual, cuando en verdad son un momento de largo devenir.
“Escozor” es un puente para prefigurarnos hasta donde podemos sostener la estructura de nuestras convenciones sociales, es una experiencia para intentar de construir nuestras certezas y aún así encontrar una armonía particular, es una provocación a nuestra reflexión sobre nuestro lado oculto y una singular arma para seducir en cada lector aquello que se esconde.
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fbreceñoa@hotmail.com
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