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A estas alturas, mediante un documental que llamó la atención del público ruso, se ha podido probar cuán fuerte fue la injerencia de Occidente en la guerra que asoló a Chechenia hasta hace unos cuantos años. En estos días, las tensiones entre Georgia y dos pequeños territorios autónomos, Abjasia y Osetia del Sur, se han incrementado, involucrando a Rusia, que los apoya. Georgia planea aumentar el número de efectivos de su ejército, ha realizado vuelos sin piloto sobre los territorios mencionados, y se han multiplicado las tensiones en las fronteras entre estos países.
Podría pensarse que es un asunto más bien nimio y local si no se inscribiera, como ocurrió con el conflicto de Chechenia, en un contexto más amplio. Recientemente, en la misma región, Estados Unidos pareciera haber optado por aumentar la presión para que Azerbaidján vaya incorporándose a la Organización para el Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, como se tiene planeado hacer con Georgia. En febrero pasado, la embajadora estadounidense en Bakú, la capital azerí, Anne Derse, aseveró en conferencia de prensa que se estudiaría el ingreso del país petrolero a la OTAN. Las autoridades locales no se apresuraron a censurar las declaraciones de la estadounidense. De hecho, la cooperación entre Azerbaidján y la OTAN está bastante avanzada, ya que dicho país, en una posición bastante más aventajada que la de Ucrania y Georgia, realiza cada año más de medio centenar de maniobras conjuntas con los occidentales, que han comenzado también a apersonarse discretamente en Armenia. Con todo, la situación de Azerbaidján puede llegar a ser embarazosa: la cercanía con Irán, donde existe población azerí, daría pié a una provocación que a lo mejor los mismos estadounidenses prefieren evitar.
El asunto no es solo con Azerbaidján. De la misma manera subrepticia, en marzo pasado se dió a conocer, gracias a la prensa austríaca, que la administración estadounidense ha estado buscando acuerdos con Turquía para instalar en este país un sistema de defensa de misiles. Todo lo enumerado hasta aquí, ciertamente, podría interpretarse como un conjunto de medidas preventivas contra Irán. Sin embargo, países como Grecia, Bulgaria, Rumania o la misma Turquía no quedarían protegidos de una eventual respuesta iraní. Los rusos piensa otra cosa de todos estos intentos occidentales por avanzar por el "flanco sur". De hacerse, a Estados Unidos únicamente le faltaría un radar más, en Mongolia, para cubrir todo el territorio de la Federación Rusa, según lo declaró en noviembre pasado Anatoli Diakov, Director del Centro para los Estudios de Desarme ruso, y lo recogió el diario Pravda. De hecho, los estadounidenses ya están compitiendo con los rusos por el uranio de Mongolia. La carrera contra el tiempo sigue.
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