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Madre: Podemos describirla pero muy difícil definirla

Por wilfredo G. Santa, MD



Breves datos históricos

De acuerdo a los historiadores el día de la madre se inició en la Grecia antigua, durante sus festividades en honor a Rhea, la madre de Júpiter, Neptuno y Plutón. Durante el siglo XVII en Inglaterra comenzaron a permitir a los criados el tener un día de fiesta pagado para poder visitar a sus madres, siendo este el comienzo de honrar a las madres de Inglaterra, a este día que era domingo se le denomino "Domingo de servir a la Madre". Luego la costumbre progreso preparándose una comida o pastel especial, llamado "servir a la madre" llevándolos a los hogares para celebrar ese día como un acto festivo en su honor. En Estados Unidos la tradición fue comenzada en 1872 por Julia Ward Howe y se celebraba como un día dedicado a la paz. Pero fue la norteamericana Ana Jarvis de Philadelphia quien tras la muerte de su madre en 1905, escribe a políticos, maestros, religiosos y otras personalidades, para que la apoyen en su proyecto de celebrar el "Día de la Madre" en el aniversario de la muerte de su madre, coincidiendo el primer domingo de mayo y así se empezó a celebrar en casi todos los Estados Unidos en el año 1910 y de ahí paso a Puerto Rico con la llegada aquí de los Norteamericanos.

El papel fundamental de la madre

Ha sido el gran eje de toda cultura. En toda cultura que ha logrado sobrevivir, ha sido evidente el hecho indiscutible de que ha tenido mujeres responsables, que han sabido dar una respuesta adecuada a sus diversos momentos históricos de crisis. Pero dado los cambios tan significativos y reptantes que están ocurriendo en nuestra cultura del siglo veintiuno, jamás ha sido tan apremiante y necesaria esa respuesta, como ahora. Y esto me parece que no ofrece dudas, porque que nadie puede negar que ser madre es el papel mas importante que puede surgir en la vida de cualquier mujer.

¿Pero cuando comienza la educación de un niño sino veinte años antes de su nacimiento, con la educación de su madre? ¿No han mostrado la experiencia y los estudios científicos que la madre graba profundamente en su hijo lo que ella misma es? Si existe un período durante el cual la madre desempeña un papel preponderante en lo que serán las tendencias y hábitos morales de su hijo, es, ciertamente, el período prenatal, durante el cual puede la madre decir con toda certeza: "yo soy parte de él, y él es algo de mi misma", e igual de fuerte que es ese enlace biológico entre del niño y su madre es también la interdependencia en lo físico y en lo moral. En esos nueve meses de gestación ella comienza a preguntarse:¿Puedo ayudar a mi hijo a llegar a ser lo que debe siéndolo yo misma, puedo ayudarle a ser tranquilo permaneciendo yo en calma, a ser sonriente si sonrío yo, a ser fuerte siéndolo yo, a ser bueno siendo yo bondadosa? .

Los jóvenes del siglo veintiuno, y padres futuros tienen una gran responsabilidad, deben pensar que tienen que dar lo mejor de ellos mismos a sus hijos y para ello es imprescindible educarse a sí mismos, porque nadie da lo que no tiene. Fíjense que esta alternativa supone un dominio casi total de nuestro mundo interior construido de sentimientos y pasiones, que tenemos al garete, y que deben estar siempre al servicio del yo personal, a nuestra cultura cristiana, le hace falta volver a esos criterios de fe en Cristo Jesús, que él mismo nos enseñó. Jesús, toda su misión fue hacernos ver que debemos amarnos los unos a los otros, y nos enseñó de una manera muy sencilla en qué consistía el amor: “aquel que más ama es capaz de dar la vida por el que ama”. Por eso es que en Occidente, hemos sabido entender que ama de verdad, el que es capaz de sacrificarse por la felicidad de los que le rodean. Y he ahí el verdadero reto de ser madre.

Congraciar al amor con el trabajo, difícil tarea

Los valores que el trabajo conlleva son evidentes, y debieran ser buenos, pero se han dejado arrastrar más por el mundo material de la cultura, en peligroso menoscabo de otros valores primarios que el hombre lleva, y que nunca debiera correr el riesgo de abandonarlos. Porque, además hemos recurrido al riesgoso paradigma de descansar en el trabajo como un medio de formación humana y no como la humana formación del medio. Algunas veces lo hacemos a regañadientes, y así nada se añade formalmente al valor personal y social.

Cuando el padre y la madre trabajan, piensan que han conseguido un hito de lo que la historia está buscando ganar en cuanto a la igualdad. Pero la verdad es que falta mucho todavía para conseguir tanta belleza, ya que la evidencia social nos demuestra cuántas otras deficiencias y desajustes esto ha creado que se hacen notar de inmediato en la familia. El problema ha surgido cuando por el trabajo hemos abandonamos la relación personal y el hogar, porque no nos alcanza el tiempo, y el cansancio nos impide decirnos ¡hola! ¡Cuánto te quiero! Lo que ha ido minando el sentido de pertenencia del uno con el otro y con los hijos.

Innegablemente los hijos sufren por la misma falta de tiempo y por la ausencia del cariño, ternura, y atención necesarias a su crecimiento humano. Nuestros hijos sufren, lo que no podemos imaginarnos, por la sencilla razón de no darles la simple atención que como niños pueden necesitan. Tiene que ser muy duro para un niño esperar una y otra vez a su padre o madre, para comunicarles algo importante, y un día y otro, encontrar el silencio por respuesta. El dinero, ya no puede sostener las responsabilidades adecuadas, y el matrimonio y la familia se cuestionan, se tambalean y se pierden por las grietas que el materialismo ha creado en nuestro herido “corazón social”.


Casas, carros y cosas… ¿donde las ponemos?

Está bien los carros, y, si puede ser, uno para cada uno, pero... ¿dónde los ponemos. Y ¿a quien llevamos en ellos?. Está muy bien la TV, pero qué programas nos ayudan de verdad a reconocernos como seres humanos, y los vemos por ello. Seamos honestos y digamos que ya la TV, los carros y tantas casas, se nos están haciendo ya, más que todo, una carga, un problema de irresponsabilidad a resolver, del que todos nos quejamos. Están muy bien las casas lujosas si las puedes pagar, pero a donde se va el calor que debiera tener el hogar... Y así sucesivamente. Lo que con el dinero podemos conseguir es francamente bueno para el ser humano, pero digamos también, que a nuestras generaciones les ha faltado la armonía necesaria para poner cada cosa en su sitio y el amor en todos, y lo estamos pagando a un precio muy alto.

Las mejores condiciones físicas y psicológicas para que el niño se desenvuelva lo más sanamente posible son las que se derivan del hecho de ser muy deseado. He visto como algunos niños llegan a sentirse casi culpables de haber nacido. El niño no sólo necesita alimento; tiene también necesidad de cariño. Hay niños que son deseados por la madre como compensación a su fracaso conyugal; es éste un deseo egoísta, es casi un papel de niño vengador el que se le quiere hacer representar. No es esto garantía de un buen desarrollo; al contrario, las mejores condiciones tienen lugar cuando el niño es deseado no solo como hijo, sino como consagración del amor mutuo; es decir, cuando la mujer desea un "hijo de su marido", y el marido, "de su mujer", nace, es amado y lo pueden sostener.

En algo podría ayudar si a cargo de los hijos, en vez de las insustituibles madres, se pudieran quedar con ellos, mientras la madre trabaja, los padres de uno u otro cónyuge, o algún hermano o hermana de confianza. Pero no olvidemos que esto es una solución parcial, ya que los abuelos, y familiares en general, en muchas ocasiones, pueden tener ya los mismos defectos que los padres, es decir, un cierto desprecio o despegue de los valores más cristianos, y en todo caso un cierto cansancio de la vida, donde la impaciencia predomina, tornando en casi inútil todo intento por dar solución a los problemas de los niños. Habría que buscar una persona realmente valiosa para llevar a cabo esta trascendental misión. ¿Y quien puede sustituir a un padre o a una madre?

Podemos describirla pero es muy difícil definirla

A la madre podemos describirla pero es muy difícil definirla. Algunas de las páginas más hermosas de la literatura universal lo han intentado. Y siempre pareciera que falta mucho por decir: Quedan tantos sentimientos de gratitud, de amor, de admiración que no alcanzan a expresar las palabras. El mas alto honor concedido por Dios a la mujer es el privilegio de ser madre. Pobre o rica, ilustrada o ignorante, es capaz de heroísmos increíbles y es capaz hasta de dar su vida por los hijos.

Domingo Faustino Sarmiento dijo que el corazón del hombre se adhiere al de su madre como las raíces al suelo. El gran educador hablaba por experiencia, pues su madre había sido un dechado de amor, abnegación y virtud. Cuando la madre cumple con su sagrado cometido, llega a formar con su hijo un lazo sellado no sólo por la sangre sino también por el afecto. Con mucha razón apuntaba Pablo Geraldy:-"Los hombres cambian de mujer, la mujer cambia de marido, pero el hijo nunca cambia de madre". Sabiendo que es así, una de las metas más importantes de toda madre debe ser la de ser digna del respeto y la admiración de sus hijos. Madre, en estos días que se avecinan te exhorto a pensar con detenimiento a pensar en esta gran verdad.

El niño es un ser hambriento de amor, dirección y seguridad, y cuando la madre se da entera a su hijo en esta triple dimensión, le hace la mejor y más grande contribución. Una madre tal gozará de las más estimulantes satisfacciones a medida que avance por la existencia en compañía de sus seres amados.

Email del Autor: wsantamd@gmail.com
Página web del Autor: http://

Publicado Saturday, May 10 2008

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