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LOS PREDICADORES DEL PROGRESO NOS ENGAÑAN

Por PATROCINIO NAVARRO


Hemos de sincerarnos con nosotros mismos y asumir que pese a acercarnos a las urnas cuando se nos convoca o acudir a las iglesias con la idea en ambos casos de que así es posible mejorar las cosas, esto es lo que tenemos: crisis económica galopante, cambio climático acelerado, catástrofes naturales en aumento, hambre en las dos terceras partes de la humanidad y otros dramas que están en la mente de todos. Ante todos estos dramas resulta más que llamativa la pasividad ciudadana, aunque las víctimas de las injusticias sociales empiezan a perder la paciencia en todo el mundo.
Las mentiras, el restar importancia a los acontecimientos o el silencio para evitar alarmar a las poblaciones de políticos y medios de comunicación ante cada catástrofe propiciada o llevada a cabo directamente por empresas son las tácticas habituales para adormecer a las gentes y hacerles creer que están en buenas manos. Pero ¿acaso es eso cierto? Los responsables políticos son votados precisamente para que cosas de este tipo nunca sucedan, y los jueces y tribunales para dar cumplimiento a s leyes protectoras. Sin embargo apreciamos a diario que el sistema no funciona. Los empresarios que contaminan siguen produciendo contaminación, los asesinos machistas siguen matando, las guerras injustas no cesan, la distribución de la riqueza mundial es el sueño más utópico que se conoce. Pero cada vez que se nos convoca votamos, y por mucho tiempo hemos creído sus mentiras.
¿Es posible hoy día continuar con la dinámica de siempre, creyendo a los de siempre, dirigidos por los de siempre? Y esta pregunta es oportuna porque miremos en el sector que miremos, las cosas ya no son como siempre, sino peor que nunca.
Se nos había hecho creer en un futuro dorado por los defensores del Sistema que predican en parlamentos, universidades, comités científicos como expertos en Esto y Aquello. A ellos se unen enjambres de intermediarios y gentes de pensamiento acomodaticio de todo tipo que viven del pesebre del Poder o de su vanagloria en la feria convencional de las vanidades y son sus voceros. Todos quisieron hacernos creer lo mismo: que nos encaminábamos a un mundo perfecto. Gracias a ellos, naturalmente. Una idea de progreso ilimitado parecía a esta diversidad de predicadores ser la adecuada la nueva fe de una humanidad liberada de su atraso secular y parecían tener a su favor los avances observables en diversos terrenos importantes: las formas de comunicación y el transporte, los usos exitosos de diversas energías, las mejoras en la curación de enfermedades y en la salud pública general. Parecía que la universalización de la educación, ciertas ayudas mínimas en asistencia social a los más desfavorecidos y el aumento de comodidades eran indicadores reales de avances. El uso del automóvil aparecía como emblema de progreso y el crecimiento de la población industrial en detrimento de la rural, con el consiguiente aumento de la capacidad de consumo, especialmente en los focos de atracción que son las ciudades, daba la impresión de que los predicadores acertaban, y estábamos antes hitos irreversibles de progreso. Sin embargo, pasado el tiempo y a pesar de la mala información que se proporciona a los pueblos para no asustarlos, la economía mundial y el bienestar favorecían tan sólo a una minoría mundial. Y lo que era más grave y hemos visto en los últimos años: tampoco a esta minoría privilegiada se le puede asegurar su bienestar a largo plazo, pues bien conocidas están siendo ya las fluctuaciones negativas en las economías de mercado, con sus ciclos, y los desastrosos efectos secundarios que venimos observando a diario y que acabará, inevitablemente, en bancarrota global.
¿No es insensato pensar que este Planeta nuestro de recursos limitados y continuamente esquilmados y ante una crisis energética y unas circunstancias geoclimáticas tan alteradas puede permitir crecer las economías de año en año y a la vez albergar a una población mundial también creciente con mayoría de pobres cada vez más pobres?
Hasta un escolar sabe que tal cosa no es posible.

Email del Autor: navarrovalero.patrocinio@yahoo.es
Página web del Autor: http://www.librodearena.com/ondaescrita

Publicado Thursday, May 8 2008

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