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SILENCIO: SE VOTA

Por PATROCINIO NAVARRO



Para el sistema defensivo del ego personal cuando se convierte en colectivo social, la inestabilidad que vive y observa necesita ser compensada de diversos modos con pilares sólidos, los más sólidos posibles, aparte del pilar de las religiones institucionales. Un pilar sólido podría ser –piensa el ego- el que permitiera dar a los actores-consumidores del Progreso (los creyentes del Estado del Bienestar, ellos, los bautizados no casualmente como ciudadanos) una participación en la organización del Sistema, porque presumen que sólo así pueden mejorar sus vidas.
Para conseguirlo había que integrarlos para que sintieran que era su Sistema, y el único posible en cada momento para garantizar la consecución de sus sueños de vivir bien en este mundo. Así que se inventaron los Parlamentos con sus señorías de la derecha y de la izquierda, sus conservadores y sus laboristas, sus republicanos y sus monárquicos, sus liberales y sus demócratas, sus “etc.”. y sus otros “etc.”. En definitiva, fueron necesarias las urnas para usarlas cuando convinieran al sistema parlamentario y se convenció a los ciudadanos de que usarlas en esos casos era un acto de madurez cívica, un gesto patriótico y una garantía de conseguir todo eso que los programas de los políticos anunciaban como bienes a conseguir. Llegados a un punto, es tal el fervor de los gobiernos por las urnas, que a veces obligan a votar, como ha sucedido y sucede todavía en algunos países del mundo.
Ejercer el derecho al voto en las sociedades bautizadas como democráticas simplemente por el hecho acudir a votar cada cierto periodo de tiempo; dar voz y autorización a decidir supuestamente el destino colectivo a elegidos previamente por otros (los candidatos) a los que no se tiene acceso a cambiar ni a juzgar cuando mienten o incumplen sus promesas, no parecen suficientes garantías para las personas con espíritu crítico. Por eso, entre otras razones, existe mucha abstención. Las gentes que votan tienen que limitarse hasta las próximas elecciones a contemplar pasivamente los desmanes de los políticos o a manifestarse por las calles si no se les resuelven sus problemas con menores probabilidades de éxito cuantos mayores son. El resultado más común cuando pierden la paciencia colectivos siempre en minoría con respecto al conjunto, es que en lugar de ser atendidos para recibir lo prometido para todos –incluidos los que se callan- se encuentren ante las fuerzas policiales, pues autoritarismo y violencia son algo inherente al Sistema de las Desigualdades, con o sin democracia.
Semejante forma de control social, sin embargo, al ser aceptado o al menos no contestado abiertamente por manipuladas y pasivas mayorías, da al Poder la ventaja de no necesitar cambiar más allá de lo formal, lo aparente, lo políticamente correcto, el escaparate, o como se le quiera llamar. El control represivo ejercido de diversos modos se ve reforzado por la suficiente pasividad ciudadana como para que el resultado sea el que se busca finalmente por el sistema: ricos cada vez más ricos sin importar el precio que los demás y el propio Planeta tienen que pagar por su ambición.
Los seducidos, las mayorías de ciudadanos crédulos que gozan del derecho al voto y lo usan, experimentan la tranquilizadora sensación de formar parte de una supra-organización - la civilizada sociedad democrática mundial- como atenta proveedora de bienestar y seguridad, que funciona gracias a su correcta participación como votantes y sumisos pagadores de impuestos. Esto es justamente lo que el sistema precisa.
Votar, sin embargo, permite cambiar periódicamente el busto del Poder - pero sólo su busto, nunca el corazón. Y si este se vuelve demasiado inestable y poco rentable para sectores poderosos de industrias, negocios, intereses ocultos y finanzas, se produce una llamada crisis de gobierno, y se vuelven a convocar elecciones para cambiar de nuevo el Busto hasta que esté el que mejor convenga. Y aquí no pasó nada.
La cuestión es simple con este ejemplo: si los capataces de los poderosos fallan en su gestión de administrar la finca, hay que nombrar a otros capataces, bien entendido que los dueños de la finca son los mismos. De este modo el Sistema se legaliza, se estabiliza temporalmente, y con las lecciones aprendidas, aparenta renovarse. Pero nada cambia, o lo hace tan poco que jamás se parecen los resultados a las fogosas promesas electorales que parecían iban a resolver todos los problemas de los electores. De este modo, ricos cada vez más ricos cuentan con el apoyo de gentes cada vez más pobres, dispuestas a votar una y otra vez para dejar de ser pobres, y a ser posible, convertirse en ricos.
Embaucados por esta especie de lotería trucada, la gran meta de la mayoría pasiva silenciosa y su banderín de enganche en lo más profundo es la envidia, el deseo de disfrutar, como sus modelos, de poder, posesiones, placeres, fama y reconocimiento. Albergan la secreta esperanza de que alguna vez acertarán con su voto. Y siguen callando. No saben que su silencio es justamente lo que hace imposibles sus propios deseos.

Email del Autor: navarrovalero.patrocinio@yahoo.es
Página web del Autor: http://www.librodearena.com/ondaescrita

Publicado Wednesday, May 14 2008

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