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INCENDIOS, INCENDIARIOS Y FALSOS BOMBEROS

Por PATROCINIO NAVARRO

INCENDIOS, E INCENDIARIOS Y FALSOS BOMBEROS

Cada día arden o se talan miles de hectáreas de bosques en alguna parte del mundo para satisfacer la codicia, el odio, o quién sabe qué deseos de alguien. Y cuando perdemos a los viejos y hermosos árboles, junto al dolor que nos produce ver sus esqueletos calcinados, las casas destruidas, las cosechas arruinadas, y los paisajes muertos o segados, aparte de valorar la catástrofe para las gentes que sufren esa tragedia no podemos dejar de pensar también en los animales que vivían allí, desconcertados en su dolorosa huida ,atrapados con sus crías y calcinados por el fuego criminal o simplemente desterrados de su hábitat natural por enjambres de máquinas que talan. Por lo que respecta al fuego, casi todos son provocados por la mano del hombre, el terrorista planetario por excelencia.
En sentido figurado, puede decirse que existen muchos incendiarios de todo tipo en nuestra amada Tierra, hasta tal punto que una gran mayoría se encuentra hoy desconcertada, apesadumbrada y dolida –cuando no íntimamente inquieta por su propia suerte- ante la profusión de malas noticias que diariamente sirven los medios. . Muchas de ellas se refieren a las catástrofes naturales casi diarias en estos tiempos, y su corte de desgracias personales, y otras a los desmanes que unos cometemos contra otros y todos contra los animales y la Tierra. Pero si nos detenemos a pensar, casi todas ellas suelen tienen su origen remoto en pensamientos incendiarios, en fogosos discursos, en ardientes proclamas que enardecen a las multitudes y las conducen al fuego de la guerra, al coche-bomba terrorista o al suicidio con explosivos. Emparentado con el fuego, se nos ha venido encima este cambio climático cuyas consecuencias tan solo empezamos a notar con las altas temperaturas, los deshielos polares, los trastornos estacionales, la falta o el exceso de lluvias, el aumento del calentamiento de la corteza terrestre (recientemente detectado en el Polo Norte)y el movimiento de las placas tectónicas con sus terremotos y maremotos entre los muchos efectos cuya causa última reside en la agresión humana, en el fuego destructor del pensamiento del hombre contra todo lo creado. Esto tiene efectos secundarios terribles, como los movimientos migratorios por hambre y guerras que amenazan desestructurar aún más a todos los niveles (convivenciales, económicos, políticos, etc) un mundo de por sí mal estructurado.
En parecidos términos tendríamos que hablar de nuestra amenazada salud debido a tanto desequilibrio ecológico – que al final ataca y deteriora nuestro propio sistema inmunológico - al igual que se deteriora cada vez más la salud del mundo animal que a la vez enferma a quienes consumen su carne, como hemos visto con la gripe aviar o las “vacas locas””.
Podríamos dirigir nuestra atención con los mismos pesimistas resultados a los problemas derivados de la falta de alimentos en la mayor parte del mundo, ahora agravados por el uso de los biocombustibles que ha originado un alza de precios gigantesco de los productos básicos de alimentación y una escalada enorme de la pobreza mundial, mientras una minoría derrocha en otros lugares.
Las causan anteriores, como no podía ser menos, producen infinidad de enfermedades, mientras que otras que se suponían erradicadas vuelven (como la tuberculosis), mientras otras endémicas de los países tropicales (como la malaria o el cólera) se incorporan al mundo occidental.
Otras enfermedades desconocidas, entre tanto, hacen su aparición sin que los médicos conozcan el remedio. Al mismo tiempo, disminuye la eficacia de los antibióticos debido al poder de adaptación de virus y bacterias. Y tenemos que ver con indignación cómo los pobres del mundo no pueden acceder a remedios para enfermedades corrientes en el mundo rico por estar los precios fuera de su alcance.
Tenemos que empezar a tomar conciencia de que las medicinas en general- no sólo los antibióticos- irán perdiendo su poder de curación, y seguirán apareciendo nuevas enfermedades, como ya se nos está advirtiendo desde los medios de comunicación.
Hace mucho que todo esto se sabe a través de las profecías que hoy vemos cumplirse poco a poco.
Cualquier persona medianamente informada, aunque no crea en los profetas pero sí en la prensa, se siente inquieta ante estos fenómenos que tendrá que vivir en primera persona, o que tendrán que vivir sus hijos o sus nietos y que apuntan – y no es catastrofismo, sino constatación de los datos científicos y someras lecturas de hemeroteca - al fin de nuestra civilización materialista. A la vista de estos acontecimientos parece que todos tendremos que preguntarnos tres cosas al menos: ¿cómo hemos podido consentir colectivamente llegar a este punto? , ¿Cuál es la parte de responsabilidad de cada uno en este inmenso fiasco? Y finalmente ¿qué puede cambiar uno mismo y cómo actuar desde ese cambio? Un cristiano originario diría: “Reconócete, pide perdón, perdona y cumple los 10 Mandamientos y el Sermón de la Montaña”, y “haz a los demás lo que quisieras que te hiciesen a ti2 o “no hagas aquello que no deseas que te hagan .Naturalmente, lo dicho incluye tanto a personas como a toda forma de vida del mundo animal, vegetal y mineral.
Algunas ONG. Practican la máxima siguiente:”Piensa global, actúa local”. Al final cada uno tiene que hacerse cargo de su vida, y preocuparse de su entorno y del bien de los más próximos, esté donde esté, pues quien desprecia a uno solo de sus semejantes desprecia a Dios, nos dice el Señor.

Algo determinante en este proceso de nuestra involución colectiva que estamos analizando es que nos hemos auto-engañado o hemos confiado demasiado y demasiado tiempo en quienes actúan a espaldas de los valores espirituales o directamente contra ellos y sin embargo admiramos por su aparente inteligencia y aparentes virtudes.
Mensajes procedentes de lo ámbitos del ateísmo militante, del fanatismo racionalista o de los dogmáticos religiosos o políticos igualmente fanáticos nos inducen a diario a pensar que podrían mejorar nuestras vidas, arreglar nuestros problemas colectivos. Muy al contrario: en la gran mayoría de casos nos encontramos que son ellos los inductores irresponsables y los que crean esos problemas globalmente con nuestra ayuda local. Irresponsables, ignorantes de las verdades esenciales, pero poderosos y conocedores de los beneficios que proporcionan el prestigio y el reconocimiento social, dirigen nuestras vidas de dóciles rebaños.
Así nos hemos dejado arrastrar por burdas enseñanzas religiosas, hemos creído en falsos representantes del pueblo o en salva-patrias vestidos de uniforme. De una u otra manera, la mayoría abandonamos nuestras responsabilidades para convertirnos en espectadores-consentidores-víctimas del diario desastre general, y en suministradores activos de energía negativa aquellos a los que rendimos nuestra voluntad, prestamos nuestra atención incondicional y dejamos dirigir el navío de nuestros destinos.
Por ejemplo, les votamos; y con nuestro voto damos carácter legal a instituciones y personas que actúan contra la legitimidad espiritual: las leyes naturales y las leyes de Dios. Con nuestro voto incondicional durante cuatro o más años perpetúan la injusticia social; permiten y /o practican la guerra; permiten fabricar y vender armas; participan, silencian o permiten, en fin, crímenes contra la humanidad y contra la vida. Las cumbres del G-8, Kyoto y sucesivas, -con sus contra-cumbres mundiales correspondientes a las que hacen oídos sordos los países más contaminantes- , han mostrado la falta total de control de los gobiernos sobre los poderosos de las industrias y sobre las actividades que contaminan el agua, la atmósfera y la Tierra entera. Inaudito que justamente los países más contaminantes sean los más reacios a dejar de ensuciarnos el mundo y la vida. Claro es que representan a los más fuertes intereses comerciales del mundo, unos ya consolidados y otros en países emergentes.
Mucho más sencillo resulta organizar ejércitos y guerras que, bajo excusas hipócritas, incluyendo la supuesta defensa de la paz mundial, matan, pues pertenece a la propia naturaleza de un ejército el estar dispuesto a matar. Lo mismo sucede con su no neutralidad, término este precisamente neutralizado por el Sistema, que, olvidado desde hace mucho del “No matarás” del Quinto Mandamiento y que ha inventado una letra pequeña para justificar crímenes como torturas en cárceles secretas, penas de muerte a civiles, golpes militares sangrientos, invasiones para apropiarse recursos y economías...Todo esto es diario.
Con la riqueza que se crea en cada país, cuya distribución tan lejos está de ser controlada por los pueblos para vivir dignamente, se mantienen organizaciones uniformadas, se crean líneas de investigaciones con fines militares, aparatos de control social e ideológico, y desde luego, se subvenciona alguna que otra casta sacerdotal, donde la democracia se haya ausente, como si todo eso fuese normal y compatible con la democracia que –a la vez, esos mismos gobiernos intentan imponer violentamente en terceros países. Existe, así, un gran consenso de conformidad y apoyo entre los poderes religiosos y laicos, que representan la cara y la cruz de la moneda única: la moneda del Poder, con su doble moral por ambas caras.
Afortunadamente existen esos jóvenes –y menos jóvenes- que se manifiestan contra la matanza de focas o ballenas, los vertidos en el mar, la pesca de arrastre, las injusticias laborales que se resuelven con policías, la dificultad de encontrar empleo y vivienda, los asesinatos, torturas y detenciones ilegales, la defensa del derecho a vivir de los animales. Y muchos son los que protestan contra las guerras, los que denuncian las reuniones internacionales de los representantes del capitalismo mundial, jugándose la vida a veces para mostrarnos en sus carteles la injusticia global de los globalizadores del neoliberalismo, los incendiarios del mundo.
Para cualquier persona razonable, los que protestan por nosotros serían parte visible de la conciencia crítica de la humanidad, casi unos héroes por el contexto hostil en que se manifiestan, pues eso de la libertad de expresión es indigesto para el Sistema. Por tanto, los medios de in-comunicación los ignoran si pueden, y cuando les conviene le hacen aparecer ante la opinión pública como violentos, irresponsables, sucios, insolentes, extremistas y destructores. A menudo son detenidos, multados o silenciados, cuando no directamente asesinados. De todo esto ha habido y habrá. La conciencia crítica de la humanidad no interesa a los poderosos, ya sean laicos o religiosos. Todos se atrincheran tras un muro de policías, guardias de corps y alambres cuando se les quiere enfrentar a la verdad. Y si lo duda, diríjase a la oficina de prensa del Vaticano y pregunte por qué no se condena a diario, tampoco allí, la guerra, el hambre, la inmigración forzada de los pobres; por qué no se reparte entre ellos el enorme capital de la Iglesia , que participa del derroche de los ricos y de las enormes injusticias sociales mientras sí se recibe a diario con incienso y honras a los artífices de esas barbaridades. Pero si tiene ocasión de visitar la Basílica de S. Pedro, y contemplar su boato y riqueza para gloria y disfrute de quienes están al mando de ese falso cristianismo, encontrará que conoce todas las respuestas.

Email del Autor: navarrovalero.patrocinio@yahoo.es
Página web del Autor: http://www.librodearena.com/ondaescrita

Publicado Wednesday, May 7 2008

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