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¿CÓMO DEJAR DE SER HUMANOS?

Por PATROCINIO NAVARRO


Entre los mundos de la Caída donde nos hallamos y los mundos celestiales de los que procedemos se interpone un muro de luz. Ese muro lo abandonamos al encarnar. Para poder pasar al mundo material con objeto de purificarnos o de ayudar a otros, cada uno tuvimos que dejar al otro lado de ese muro parte de nuestra luz original (parte de nuestra herencia divina) con la que fuimos creados. También se nos borran los recuerdos de vidas pasadas, que podrían alterar la presente obstaculizando nuestra evolución. Mas ninguna energía se pierde, y volveremos a recuperar nuestra luz y nuestra memoria para ingresar de nuevo en los cielos puros cuando superemos nuestras cargas, reconozcamos a Cristo como Corregente de los cielos y agradezcamos su Acto Redentor en el Gólgota. Ese Acto consistió en el envío de un destello de Su propia fuerza espiritual a cada hijo de la Caída, todos nosotros, para detener un proceso de involución degenerativa que nos hubiese conducido al mundo animal, al vegetal y al mineral, hasta acabar disuelta nuestra alma en el éter de energía fluente del Universo. Gracias a Cristo podremos recobrar nuestro cuerpo de luz pura, y volver al Padre. Y desde ese momento ya no será necesario disponer de cuerpos físicos ni volver a encarnar como seres humanos, pues fuimos creados como seres divinos, y divinos permanecemos en la mente de Dios. Por tanto dejaremos de ser humanos cuando reconozcamos nuestros pecados y renunciemos a seguir yendo contra Dios, actuando como el Hijo Pródigo de la Parábola de Jesús. Al final seremos lo que fuimos: criaturas divinas perfectas. Para ello es fundamental trabajar de acuerdo con la energía cósmica.
En el Universo existe una estricta justicia en el uso de la energía. De ahí que nadie debe apropiarse de nada que no le pertenezca, ni de personas, ni de dinero, ni de objetos, ni siquiera del tiempo de los demás. Por ello es tan importante aprender a no perder energía a través de pensamientos y emociones negativas, pues quien así la pierde, se debilita, como es natural, y tiene la insana tendencia a tomarla de los demás, aunque sea en forma de atención. Esta es una forma de vampirismo sutil y la causa por la que mucha gente busca crear conflictos, pues a través de ellos espera recuperar energía perdida. Por eso el mundo de la oscuridad actúa sobre este mundo a través de la emisión de pensamientos y emociones negativas que, al sintonizar con quienes están en su misma onda vibratoria, se convierten eventualmente en nuevos emisores y, tal vez, en amplificadores de odio, envidia, celos, codicia, y otras formas de negatividad recibidas y emitidas que pueden llegar a desembocar en enfrentamientos personales, conflictos, guerras incluso. Las guerras, por ejemplo, son una poderosa fuente de emisión al cosmos de energía negativa de múltiples formas: odio, miedo, venganza, asesinato, robo, violación, intimidación, engaño, maltrato, y muchas más formas de atentar contra las leyes de Dios. A través de estas energías negativas los seres de la oscuridad pueden recibir la fuerza precisa para no tener que descender hasta convertirse en hombres, pues para ellos, los rebeldes de la Caída aún no arrepentidos, el estadio humano es un escalón inferior donde tienen que soportar en cuerpos físicos las cargas de lo que han provocado, recoger sus cosechas. Pero eso tiene un límite para ellos. También en este Planeta, con la nueva Era que anunció Cristo y que supone la purificación de la Tierra y una nueva humanidad, más evolucionada, donde se manifestará Su prometido Reino de Paz.
Tal vez a partir de esta pequeña reseña sobre nuestro proceso evolutivo espiritual pueda resultarnos más sencillo comprender lo que se anunciaba al principio: nuestro origen, nuestro verdadero ser, y nuestro destino final como almas. Sin embargo, dado que el estado evolutivo de cada uno es diferente, lo es también el escalón de “vuelta a casa” en que cada uno se encuentra ascendiendo por la fuerza de la Redención recibida.
La diferencia de escalón de subida en que nos hallamos cada uno explica las muchas actitudes espirituales, las muchas filosofías y los muchos tipos de sensibilidad, energía, deseos de perfección y formas de comportamiento de las gentes. Pero todos estamos ya de vuelta, aunque muchos ni se hayan enterado: son los llamados espiritualmente muertos o espíritus dormidos. Ya despertarán, como otros Lázaros, por la fuerza de la misericordia divina presente en cada uno por el Acto Redentor de Cristo.. Es esa Fuerza la que nos permitirá el regreso a todos sin excepción, incluidos los seres de la oscuridad más alejados de Dios. Por eso no tiene sentido hablar, como hace la Iglesia católica, del Infierno como lugar de tormento eterno... El único tormento es el que esta Iglesia infringe a las almas con su miedo prefabricado, (Infierno, Excomunión) sus absurdos dogmas, su doble moral, su doble lenguaje, su apego todo lo mundano, sus ansias de poder sobre las almas, sus aberraciones espirituales y sus infinitas contradicciones doctrinales. Todo ello la configura como anticristiana y enemiga del progreso evolutivo hacia formas superiores de existencia, y uno de los obstáculos importantes a superar por las muchas almas a las que ha seducido haciéndose pasar por mediadora entre Dios y Sus hijos.

Email del Autor: navarrovalero.patrocinio@yahoo.es
Página web del Autor: http://www.librodearena.com/ondaescrita

Publicado Wednesday, May 7 2008

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