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LA TRAMPA IDEOLÓGICA DEL REDUCCIONISMO

Por PATROCINIO NAVARRO


La reducción del individuo libre a la categoría de ciudadano dependiente y burocratizado, empapelado, no se puede hacer sin más. Son necesarias ciertas manipulaciones en el mundo del pensamiento que hagan posible digerir semejante disminución de significado del ser humano. De ahí que haya ido tomando cuerpo en la Historia un planteamiento filosófico reduccionista, sinónimo, en este caso, de involución. Un ejemplo lo constituye el materialismo filosófico, histórico o dialéctico, da igual que lo mencione el Sr. Marx o el señor Keynes: ambos se basan en la negación de lo que trasciende a la propia materia.(Ambos olvidados de que hasta la materia es una forma de energía que la trasciende más allá de la forma y la presencia inmediata, que por la ley de evolución siempre cambia y se hará más y más sutil hasta ser invisible al ojo humano, pues no es eterna ni estática por ser energía condensada).
Este tipo de reduccionismo pretende hacer del individuo un ser de experiencia limitada a su naturaleza material, a la reflexión intelectual a partir del mundo sensible externo y exento de cualquier tipo de relación espiritual y trascendente con el Cosmos. Ya que el mundo social entraría dentro de la categoría mundo sensible, experimentable únicamente por los sentidos externos, se pretende hacer de ese mundo su mundo, el único posible, y se hace girar la cultura y la vida en torno a ese gran núcleo de referencia. Igual que los planetas giran alrededor del Sol, lo humano gira alrededor de lo material. Mas la naturaleza humana tiene componentes que – pese a todo- escapan al simplismo materialista, y esos elementos – de naturaleza no material, espiritual por tanto- son los únicos que permiten evadirse de esa pobreza conceptual que podría resultar asfixiante. Y el Sistema, que lo sabe, promociona cultura de evasión que permite falsear la realidad de los fenómenos espirituales. Así crea todo tipo de fantasías absurdas, personajes extravagantes, dotados de superpoderes absurdos que se utilizan para la violencia, gamas variadas de monstruos, fenómenos tipo postergeit, y otras fantasmadas, así como juegos en torno a la idea de la muerte, la aventura bélica, la competición y la competencia por el poder o los mejores negocios, etc. que se supone pretenden divertir, entretener, inocentemente. Pero bajo su apariencia inocente se halla la adulteración de conceptos espirituales tratados de un modo caricaturesco hasta hacerlos parecer absurdos o exagerados; el desprecio real a una posible salida espiritual de la vida, mil y una formas de justificar y practicar la violencia de pantalla y, en fin, el confinamiento mental a un presente donde el destino final del hombre es el muro de la muerte, tras el cual se piensa que no existe nada más. Y allá en el fondo del fondo de todas las pantallas y parapetos para ocultar sus verdaderas intenciones, el Sistema sólo ve una cosa: ciudadanos consumidores de todo aquello que interese sea consumido, desde un objeto a una idea sobre cualquier cosa siempre que esa idea produzca beneficios al aplicarse.
El equivalente religioso a los anteriores reduccionismos materialistas es la reducción del creyente a feligrés, con todas las consecuencias de sumisión a las interpretaciones doctrinales y dogmáticas sobre Dios, y las obligaciones consiguientes con su parroquia, su obispo, el Papa, etc... Pero del Más Allá, sólo Infierno o angelitos tocando flautas: reduccionismos fantasiosos.
La religión y la espiritualidad nacen de las mismas fuentes: del deseo de las almas por aceptar su condición divina y relacionarse con su Creador. Pero así como hay muchas religiones, sólo hay un espíritu, el Espíritu divino del que cada uno de nosotros formamos parte. Como cada célula forma parte de un cuerpo, así nuestras almas del Gran Espíritu; como cada gota de mar forma parte del mar y le pertenece, así nosotros, como energía a la Energía Universal, Dios, la Fuente de toda energía.
Del convencimiento de esta realidad y de la necesidad de muchos por profundizar en ella, surgieron religiones, castas sacerdotales, ritos, templos y todo eso que conocemos. Un engranaje enorme para que unos espabilados vivieran sin otro trabajo que el de falsificar o inventar textos que dieron a considerar como sagrados, actuar cara al público feligrés con diversos ritos y ceremonias y recibir por ello toda clase de privilegios y energías, incluidas riquezas materiales. Pero Cristo nos advirtió muchas veces contra los escribas, los fariseos y los hipócritas que quieren vivir del altar, pues Él no fundó iglesia alguna, ni mencionó altares, ni nombró ningún Papa, ni inventó una nueva casta sacerdotal. Él nos dejó el mensaje de la religión interna, la religión del espíritu sin sacerdotes ni templos, pues todos somos templos del Espíritu Santo. Y esa es la condición sagrada en que se basa el cristianismo originario. Un hijo de Dios- no importa la religión que profese- no necesita intermediarios ni lugares especiales, ni ceremonia alguna para hablar con su Padre, pues Dios está en el interior de cada uno de nosotros.
El materialismo aplicado “al interés publico” por los agentes del mundo de la cultura políticamente correctos ( que es el modo de llamar ahora a los besadores de pies del Poder) no sólo priva de esperanza sobre un posible “Más Allá”( lo que embauca a la mayoría de ciudadanos a volcarse en el escurridizo “más acá” al ciento por cien) sino que exige, a la vez, unos principios educativos, culturales, sociales, tradicionales, territoriales, religiosos, etc. adecuados, acordados y acordes con ese principio general de que el Sistema Capitalista es un Sistema de interés público. Por tanto, esto lleva a la necesidad de escuelas públicas, que habrán de servir para canalizar la ideología pública dominante y transmitir a las nuevas generaciones los necesarios principios y conocimientos que permitan servir al Sistema. Esto se viene denunciando por los mejores pedagogos y activistas intelectuales desde hace siglos. En las escuelas públicas, pero igualmente en las privadas- se insiste en la obligación de ser sumisos, a la vez que participativos, pero bajo el criterio de la autoridad siempre incontestable y dentro del esquema de la competitividad egoísta que permite ese individualismo curiosamente gregario y a la vez insolidario, que ha de alimentar a la sociedad industrial.
No se prepara a los estudiantes a ser personas dotadas de espíritu crítico y de cualidades mentales y espirituales adecuadas que le permitan impregnar de bondad y armonía su alma, desarrollarse de un modo integral y amar la verdad, la justicia y la cooperación para el bien común. Por tanto, la escuela no busca formar personas, sino ciudadanos. Vemos en las bandas callejeras juveniles de nuestras civilizadas urbes el resultado combinado de la falta de metas sociales colectivas, la falta de valores de conciencia, el curioso exceso de permisividad familiar, la pasividad colectiva de los adultos, y la violencia llevada a la práctica de muchos jóvenes frustrados y sin metas para los que las guerras entre bandas son una forma de autoafirmación personal, y de poseer simbólicamente la calles y barrios, e imponer sus códigos, igual que hacen los marines y otras fuerzas de ocupación por el mundo, y sus personajes de las pantallas de juegos. A falta de modelos éticos, a muchos les valen los modelos bélicos, pero también esos modelos son dramáticamente reduccionistas.
La ausencia de modelos convincentes que sirvan para fundamentar la evolución personal,- pues banqueros, políticos, famosos, clérigos, ni siquiera cantantes son considerados como tales- contribuye a favorecer el reduccionismo. Y eso lo saben los ideólogos que dirigen el mundo desde las sombras de los políticos. Prefiere el Sistema silenciar el valor de modelos positivos avanzados como Jesús de Nazaret, Sócrates, Platón, Hermes Trismegisto, Buda, Lao-Tse, Copérnico, Galileo, Képler, Newton, Kant, Ghandi, Einstein, David Bohm, Chrisnamurti, Gabriele de Würzburg, (profetisa alemana actual), y muchos místicos, científicos y artistas de todos los tiempos. ¿Cuántas veces se les nombra en cualquier medio de comunicación? ¿Cuántas veces se les pone como ejemplo a seguir? ¿Cuántos gobiernos difunden sus biografías y sus obras para conocimiento multitudinario a la misma altura que los cantantes o lo futbolistas? Por tanto, una vez más se aprecia con toda claridad que los gobiernos no están a favor de la evolución del conocimiento ni de la conciencia. Al no estarlo, están a favor de la involución, y sus modelos son siempre gentes como ellos.
Ahora mismo, la juventud se encuentra ante el futuro sin ninguna perspectiva para afrontarlo, condenada a continuar el reduccionismo que ellos han interiorizado para transmitir luego a sus hijos – reforzados por el Sistema – la misma perversión mental y espiritual si no despiertan a tiempo.

Email del Autor: navarrovalero.patrocinio@yahoo.es
Página web del Autor: http://www.librodearena.com/ondaescrita

Publicado Friday, May 16 2008

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