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Todos los días algún pragmático liberal de los que abundan en los medios sale en defensa de Lo Dado, del Sistema y su racionalismo carente de racionalidad moral y nos viene a decir que eso de la conciencia está muy bien, pero que no tiene por qué ser una conciencia espiritual y moral. Que bastaría con una conciencia social y una buena educación cívica. Y en esto, para sorpresa de los que somos más críticos, vienen a coincidir con los detractores oficiales del Sistema, con los restos de la izquierda tradicional. Pero, si fuera suficiente una conciencia social, que es el punto de confluencia de estas corrientes ¿sobre qué valores sustentarla? ¿Sobre la defensa del ego –mío, mí- y sus derechos, como quieren todos ellos? Eso la Historia lo ha ensayado sin éxito. Todos los países donde se ha intentado edificar la sociedad desde la conciencia social (los países mal llamados socialistas) han fracasado y vuelto a la propiedad privada lesiva y egoísta que es la negación de la conciencia social. Por tanto, el ego (el mío, el mí, para mí) acabó por triunfar, como es natural, puesto que es el director de orquesta de todos los sistemas y cambios sociales hasta hoy mismo: el origen y el destino de todos los conflictos entre clases sociales y en las relaciones personales. Su origen siempre es el mismo: mío, mí, para mí.
Y para qué hablar de la conciencia social que pueden transmitir con su ejemplo anticivil las sociedades opulentas cada vez más codiciosas, autoritarias e intransigentes precisamente con los movimientos sociales o grupos minoritarios que pretenden denunciar los abusos y peligros del Sistema y favorecer el desarrollo de la conciencia social colectiva. Tómese como ejemplo las actitudes defensivas extremadamente exageradas de los políticos del G-8 cada vez que se reúnen en los foros mundiales para hacer ver a los pueblos del mundo lo peligrosos que resultan los movimientos que claman por la conciencia social global. Los movimientos alternativos, ciertamente más numerosos en cada convocatoria paralela a las del Poder, han denunciado siempre la sistemática presencia de policías sin uniforme entre los pacíficos manifestantes con objeto de crear desórdenes públicos que provoquen la actuación de la policía uniformada (previamente advertida, claro está).Así se difunden por los medios las imágenes de desorden y violencia programadas por el propio Sistema con objeto de desacreditar a los movimientos alternativos pacifistas y ecologistas que reivindican un mundo limpio justo y solidario, exactamente lo contrario que los políticos tiene previsto en sus agendas.
Y si enfocamos ahora el terreno en el que e3dificar una conciencia espiritual podemos hablar de diversos raseros del Sistema para aceptar las religiones. Hoy mismo, en el seno de la rica, democrática y europea Alemania, en el seno de la flamante Comunidad Europea y a principios del siglo XXI se orquestan campañas difamatorias y se hacen todo tipo de presiones sociales desde círculos conservadores políticos y religiosos contra minorías cristianas que defienden los principios del Sermón de la Montaña y los Diez Mandamientos (de aceptación universal inter-confesional) como ejes de la conducta espiritual. Hablamos de grupos cristianos pacíficos, legales, declarados en otro momento “de utilidad pública” por el gobierno alemán y que contra viento y marea enseñan en sus escuelas, curan en sus sanatorios, cuidan a los ancianos, comercian con productos naturales, y defienden en programas de radio y TV así como en numerosos libros proféticos el mensaje de Jesús de Nazaret desde el espíritu revolucionario del cristianismo no manipulado por las instituciones eclesiásticas, que es el auténtico espíritu cristiano. Ellos predican y practican el vegetarianismo, el principio del salario según la necesidad familiar, el trabajo desde la conciencia como servicio a los demás, y no como medio de enriquecimiento egoísta, la medicina natural y la curación con ayuda espiritual, y en fin, un modo de entender la vida según los principios de la igualdad, libertad, hermandad, justicia y unidad en el Espíritu que significa el verdadero cristianismo.
Y es ahí donde le duele al Poder, especialmente al poder eclesiástico institucional, que se siente en evidencia y desenmascarado como injusto y anticristiano. Y es desde ahí desde donde se ejercen todo tipo de presiones sobre los medios de comunicación y los poderes públicos para “meter en cintura” a estos “peligrosos” adictos a la verdad divina. Ahí están los llamados encargados de sectas, herederos de la eterna Inquisición, que velan y presionan en los “estados democráticos” por la pureza de la fe y las buenas costumbres desde la ortodoxia oficial gubernamental y eclesiástica tirando, como siempre, del mismo carro.
De modo que: ¿desde qué presupuestos se pueden defender los cambios sociales? Sólo es posible hacerlo desde el inconformismo, como siempre, desde la revolución de la conciencia contra la sin razón y la injusticia, desde la moral revolucionaria del cristianismo sin adjetivos, tan opuesta a la inmoralidad de las iglesias y de los que se colocan bajo su paraguas falsamente protector.
Es verdad que siempre hubo ricos y pobres, pues siempre hubo egoístas insolidarios, pero además de las razones kármicas, existen otras unidas a aquellas: no se consiguió nunca un estado de desarrollo suficiente de la conciencia espiritual que permitiese a amplias mayorías acabar con la injusticia social y transformar este mundo que nos gusta a tan pocos en otro aceptado y aceptable. Sin embargo, hoy, como nunca anteriormente, es urgente esa conciencia alternativa global, multipolar, multiétnica, de raíz espiritual verdaderamente pura y opuesta al Sistema, ya que este acrecienta por días la barrera que separa a los países ricos de los pobres y esquilma al Planeta en beneficio de minorías.
Es verdad que siempre hubo pobres, pero ahora hay más que nunca.
Es verdad que siempre hubo ricos, pero ahora son menos, mucho más ricos, mucho más poderosos y con mucha menos conciencia. Ellos son los principales responsables del exterminio del patrimonio común de la humanidad que son los recursos de este Planeta. Pero quien no es rico y aspira a serlo debe saber que también colabora al desastre común...
Con una conciencia espiritual en sintonía con la Conciencia Cósmica, que es lo que predican las corrientes espirituales avanzadas, entre ellas y principalmente el cristianismo originario, existirá una sociedad basada en la justicia y el amor, donde cada uno tendrá lo necesario para vivir, y aún de sobra, donde cada uno aporte con su trabajo lo necesario para que vivan los demás y todavía sobre.
Pero la sociedad de la abundancia compartida nace de la abundancia espiritual que emana del cumplimiento de las leyes divinas, no de un convencimiento intelectual o de una visión humanista tipo ONG., tipo movimientos Antisistema, o, incluso, tipo Teología de la Liberación, que después de todo se somete al arbitraje y a la autoridad del Papa, a quien obedece en última instancia. Y el Papa forma parte del Sistema. Para el Papado como institución, las leyes de la Iglesia están peldaños por encima de las leyes de Dios (que subordinan a las de la Iglesia) pero nunca por encima de las leyes del mercado, con empresas propias en las que invierten como unos ricos más para boato y esplendor de minorías privilegiadas de la propia Iglesia. Por ello, con la defensa de los pobres molestan tanto los teólogos socialistas cristianos y por ello se ven limitados a decir lo que piensan y obligados a callar por obediencia todo lo que a Roma le conviene.
No puede contribuir al desarrollo de la conciencia espiritual libre, que es la conciencia cristiana, quien la tiene previamente hipotecada por una u otra razón.
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