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REVOLUCIÓN Y CONCIENCIA

Por PATROCINIO NAVARRO



He leído en la prensa de hoy que algunos políticos anticapitalistas como A. Krivine afirman que es posible todavía una revolución como la del Mayo 68. Enemigo de la razón, de la imaginación que libera, de la solidaridad, del amor y, en fin, de cualquier forma de altruismo el capitalismo mundial ( semejante en todo al de hoy) ya se perfilaba extremadamente agresivo en aquel famoso mayo de 1968. Pero en ello se parecía a la dictadura comunista que mantenía sujeta con brazo de hierro a todo país de lo que entonces se llamaba “telón de acero”, y que hoy lleva camino de resucitar. En uno y otro lado de ese “telón”, el Poder como tal se vio contestado.
La explosión revolucionaria del “Mayo Francés”, de tan corta duración como -por ejemplo, la “Primavera de Praga”- sirvió de lección al capitalismo tanto como al -mal llamado- comunismo ruso. Y aunque no lo cuentan en la prensa de papel ni en la TV selectivamente amordazadas que padecemos, es bueno que sepamos que en Francia algunas fábricas de armamento empezaron a transformarse en productoras de aparatos útiles a la población, que algunas regiones agrícolas intercambiaron sus productos con las ciudades utilizando monedas propias con un valor de cambio en relación al tiempo de trabajo invertido en la producción de lo que se intercambiaba. Es bueno saber que una explosión de alegría liberadora, una verdadera catarsis colectiva levantaba los corazones de obreros, amas de casa, estudiantes, artistas, intelectuales en tan gran número que De Gaulle, presidente de la República, asustado y desconfiado de las posibles reacciones de sus fuerzas armadas acudió apresuradamente a Alemania a pedir ayuda a su gobierno en caso de que las cosas fueran a peor. Es bueno saber esto porque pone al descubierto el juego de silencio de la prensa convencional, deja en evidencia la fragilidad del Sistema ante situaciones colectivas de enfrentamiento contra el poder, pero lo más importante: deja bien claro que cuando existe una conciencia común por un cambio profundo, la gente se sabe organizar perfectamente, aunque sea por poco tiempo, como es el caso.
¿Cuál es entonces el papel de políticos, sindicalistas, fuerzas armadas, industrias, servicios, universidades, colegios, y un largo etc.? Un papel subordinado a los intereses generales y al servicio de la población, pero no al servicio de gobiernos serviles al capitalismo que los utilizan contra los intereses de la nación entera.
¿Por qué no fue posible cambiar el orden existente? Se han hecho miles de análisis, pero yo destacaría que no fue posible porque fallaron elementos determinantes: falta de respuesta mundial al mismo nivel, la intervención oportunista de los sindicatos y diversos elementos conservadores dentro del propio movimiento, el miedo a llegar demasiado lejos sin saber muy bien a dónde, pero especialmente faltó el sostén espiritual de esa revuelta. No es lo mismo rebelarse desde la necesidad de alcanzar mejores posiciones económicas y mayor grado de bienestar –que fue lo impulsó a la mayoría en Mayo 68-que rebelarse por conseguir una verdadera igualdad, una verdadera justicia, una verdadera libertad y una verdadera unidad desde la sintonía con la conciencia moral. Porque la conciencia social no es conciencia moral. La conciencia social parte de valoraciones intelectuales, de análisis sociales, y por qué no decirlo, frecuentemente movida por pura envidia y deseos de revanchismo. Por tanto se mueve desde valores del ego humano y en el mundo exterior, de fuera a dentro, mientras que la conciencia moral parte de sentimientos de unidad espiritual de naturaleza superior a la social, pertenece al alma y se mueve de dentro a fuera. Y es esencial distinguir estos dos tipos de conciencia, porque desde la conciencia social las partes enfrentadas por intereses egoístas (aunque se llamen “de clase”) buscan el predominio de unos sobre otros, y la llamada “paz social” no es otra cosa que la manifestación de que una parte triunfa por la fuerza sobre otra que no tiene más remedio que someterse. Esto origina una situación de malestar en los sometidos (siempre la mayoría de la población).
Si ese malestar fuera permanente provocaría frecuentes explosiones de rebeldía e inestabilidad social, produciría fugas de inversores y propietarios de industrias y desgastaría mucho al Poder y a los propios sindicatos, que podrían llegar a ser sindicatos “quemados”. Esta lección la tiene bien aprendida el Sistema, que procura utilizar todo tipo de recursos –educativos, mediáticos, sociológicos, culturales,- para configurar la mente de las poblaciones y –por tanto- de los trabajadores asalariados, la fuerza creadora de riqueza social. Y se ve que esto les funciona, porque ahora el capitalismo es más agresivo y al mismo tiempo menos contestado que nunca.
Los movimientos de liberación que parten de la conciencia moral, al contrario que los otros, necesitan estar fundamentados en valores espirituales tales como la hermandad, el amor y el sentimiento de unidad espiritual entre todos los seres y niegan el odio y el enfrentamiento violento sin renunciar a la justicia, la igualdad, y todos los demás valores sociales. Difieren, pues, en principios, métodos y metas de los que luchan desde la pura conciencia social.
Para ilustrar estos dos tipos de movimientos, tenemos dos perfectos ejemplos históricos: la revolución pacifista de Ghandi y el pueblo indio contra Inglaterra, y la revolución rusa. En la primera el impulso nació desde la conciencia moral; en la segunda, desde la conciencia social. Con Ghandi nunca hubo gulags. Con Stalin los hubo. Y con el capitalismo moderno hay guantánamos, cárceles secretas, explotación como nunca de la clase obrera mundial y cada vez menos derechos sociales. En estas condiciones, ¿acaso no hay más motivos que nunca para acordar un cambio colectivo? Sin necesidad alguna de arrojar adoquines ni levantar barricadas se precisaría unir los corazones de este mundo globalizado y buscar en la unidad del respeto y del amor lo que no se conseguirá nunca desde la división en partidos, sindicatos, fronteras, razas, iglesias. Todo eso separa, todo eso enfrenta, y por ese motivo se cultiva por el Sistema.
Así que por mucho que algunos nostálgicos de la izquierda piensen que “otro Mayo es posible”, parece mucho más oportuno –aunque no esté a la vuelta de la esquina - reivindicar que “otro mundo es posible”.Pero si no aprendemos las pequeñas lecciones de la historia, va a sernos muy difícil.




Email del Autor: navarrovalero.patrocinio@yahoo.es
Página web del Autor: http://www.librodearena.com/ondaescrita

Publicado Sunday, May 18 2008

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