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La tutoría en la universidad.

Por EBER HERNÁN BELTRÁN GARCÍA
Una de las preocupaciones que se viene eludiendo de manera muy sutil en las comunidades universitarias es la de asumir con responsabilidad las dificultades que las generaciones de estos tiempos traen consigo a las puertas de la universidad. Así como son diferentes los adolescentes y jóvenes de las nuevas generaciones también son novedosos los problemas y dificultades que han de afrontar éstos, con o sin apoyo, ante la tentativa de ser un profesional en tanto dure el fenómeno de la globalización.
Así, también, es de exigente la sociedad representada por algunos sectores de élite, quienes requieren de personas preparadas bajo determinados parámetros dependiendo además del tipo de pensamiento, intereses u otros condicionantes (como la tendencia económica) que caracterizan sus modos de actuar. La masificación estudiantil no sólo ha ocasionado problemas para garantizar la calidad del servicio educativo en el aspecto académico sino que se ha convertido en una barrera para el trato personal con los universitarios y el conocimiento de su comportamiento académico. En este rango, se desconocen las características de cada estudiante; es frecuente desatender sus necesidades afectivas para asumir su rol en la universidad, la formación en virtudes, el desarrollo de habilidades intelectuales y el manejo de lenguajes; se observan limitaciones en los programas integrales de apoyo a los estudiantes a los cuales se les sigue considerando aún como “clientes”.
Aún en las universidades privadas se repiten escenas de fines del siglo pasado: Deficiencias académicas previas al ingreso, empleo inapropiado de métodos de estudio por parte de los estudiantes y variables motivacionales, actitudinales y afectivas, altos índices de deserción, bajos índices de eficiencia terminal, altos índices de rezago y pérdida de confianza de la sociedad. Paralelamente, la sociedad plantea sus propias exigencias, algunas de ellas de profundo arraigue en nuestra región: Dominio de la lengua materna, nativa y extranjera; pensamiento crítico; creatividad; iniciativa; capacidad para presentar y defender sus ideas, para la comunicación oral y escrita, para aprender continuamente, para la búsqueda, selección y aplicación de información; capacidad para el trabajo en equipo e interdisciplinario; habilidad y entusiasmo para el manejo de nuevas tecnologías; formación humanista, liderazgo, comportamiento ético, no autocomplacencia, flexibilidad, sencillez, sensibilidad, apertura al cambio, empatía, capacidad para el manejo de ambigüedad, perseverancia y coherencia de vida. Con todos estos indicadores las posibilidades de permanecer en la universidad hasta el término de los estudios es inequitativa.
Ante esta problemática las universidades peruanas podrían responder de diferentes maneras: Formación de profesores; evaluación, actualización y acreditación de los planes de estudio, equipamiento de laboratorios, centros de cómputo, bibliotecas, etc.; procesos de selección (organización y credibilidad); programas de articulación de la EBR con la universidad a través de proyectos y programas de becas para apoyar a los estudiantes con mayores necesidades económicas y a los excluidos; etc. En esta ocasión centraremos nuestra atención en la primera propuesta, y de manera concreta, en la tutoría en la universidad.
Todavía persiste, en algunos profesores universitarios, algo de escepticismo ante la idea de la tutoría en el nivel superior llegando al extremo de intentar ridiculizarla aludiendo que ésta labor es de exclusividad en la etapa escolar; otros la confunden con el dirigir una asignatura o brindar una o más horas de asesoramiento que, de manera regular, corresponden a todo profesor. La tutoría es un encargo especial de la universidad a sus profesores. La tutoría es un proceso de acompañamiento durante la formación de los estudiantes. Es la atención a un estudiante o a un grupo reducido de estudiantes por académicos competentes y formados para la tutoría mediante un conjunto sistematizado de acciones educativas centradas en el estudiante como persona según el estilo de Educación Personalizada.
Son notorias las diferencias entre asesoría y tutoría. Al enfrentar situaciones problemáticas, el asesor cumple con aaclarar dudas o reforzar conocimientos teóricos o metodológicos de un área del conocimiento mientras que el tutor debe identificar problemas individuales que afectan el desempeño de la persona que estudia. En lo que corresponde a organización, la asesoría no suele ser estructurada y ocurre a solicitud del estudiante; la tutoría sí es es estructurada y se ofrece en espacios y en tiempos definidos, con una periodicidad clara. El profesional asesora al estudiante en torno a temas específicos de la especialidad mientras que la tutoría abarca temas muy diversos relacionados con la vida del estudiante. El asesoramiento es puntual. Cuando más se prolonga a lo largo de un proceso específico (duración del trabajo de tesis, del servicio social, etc.); en cambio, la tutoría supone el seguimiento de la trayectoria del estudiante durante su permanencia en la universidad. El asesor atiende el conjunto de acciones centradas en los programas de estudio y el tutor toda acción educativa centrada en el estudiante. La asesoría no requiere confidencialidad en tanto que la tutoría sí (el secreto profesional). La asesoría se desarrolla en el área de trabajo del asesor; la tutoría se efectúa en espacios diversos.
La labor del tutor en la universidad es ampliamente motivadora. En los años 90’s Pintrich y D. Groot afirmaron que la motivación presenta cuatro signos visibles: Reacción afectiva del estudiante ante las tareas (vocación); imagen del estudiante acerca de su capacidad para realizar las tareas académicas (autoconcepto); valor que cada estudiante atribuye a sus metas (compromiso); y, percepción de la importancia de las tareas académicas en el logro de las metas (dedicación). Los estudiantes con un alto temor al fracaso esperan fallar; por tanto, no pueden calcular la posibilidad de alcanzar el éxito, no se sienten motivados a intentar lo imposible. Los estudiantes con una alta esperanza de éxito trabajan para graduarse con una actitud de autoconfianza dirigida por su decisión para alcanzar el éxito cimentada en un autoconcepto positivo y una percepción permanente de autoeficacia.
La tutoría en la universidad cumple, entre otras funciones, con colaborar con el estudiante para: favorecer su aprendizaje y experiencia; superar las dificultades personales, aprovechando los fracasos y problemas; actuar responsablemente, con confianza en sí mismo; ser creativo, original; promover la autonomía personal, la seguridad y la satisfacción de sí mismo; tomar decisiones inteligentes para su crecimiento; promover relaciones saludables, basadas en el aprecio y respeto por sí mismo. Para desarrollar pertinentemente la tutoría se requiere de la participación de todos los miembros de la comunidad universitaria: autoridades, docentes, estudiantes y familias. Al mismo tiempo, es necesario evaluar el progreso de esta labor considerando: Impacto del programa, función tutorial, las dificultades y soluciones aplicadas, la reflexión institucional sobre el programa y la funcionalidad de la coordinación y unidad de criterio. La tutoría, en su fundamento y práctica ha de ser vivida no sólo por parte de los tutoriados sino que ha de servir para el mismo docente en su condición de formador. La tutoría rompe con los esquemas tradicionales y rutinarios; por tanto si se realiza con pertinencia permite que el conocimiento racional de lo que es la virtud nos impulse a actuar en forma correcta.
La tutoría en la universidad es un compromiso ineludible que ha de comprometer a todo docente para formarse en esta faceta de su desempeño profesional y como ser humano. La Facultad de Humanidades a través de sus escuelas profesionales de Educación, Filosofía y otras afines deben liderar, dentro del marco de formación de pregrado y de formación permanente, la preparación de tutores para poder asumir de manera competente los nuevos retos que las circunstancias y la sociedad de hoy nos ofrecen.

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Publicado Friday, August 22 2008