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Trilogía de pequeñas historias de sueños, olvidos y naufragios.

Por Fran Álvarez.

1-Me gustaría.

Me gustaría ser poeta, para dedicarte versos de sublime melodía. Pero no lo soy, solo puedo hacer amigos a algunos pareados y tercetos, formando una eventual sociedad de rima fácil y juntar también algunas frases, en un gesto de buena vecindad, que en un determinado momento pueda salvar las apariencias.
Me gustaría ser escultor y darle forma a la piedra con la silueta de tu cuerpo. Pero no lo soy, solo puedo amasar torpemente el barro, dejarlo secar, y que de ese amasijo salga algo que no se puede llamar figura, pero que al menos sirva como un símbolo de lo que un torpe artesano pretendía crear, más con la cabeza, que con las manos.
Me gustaría ser reloj, para poder apoderarme de tu tiempo. Pero no lo soy, mi compleja maquinaria se detuvo para siempre y mis agujas permanecen inmóviles, marcando eternamente esa hora fatídica que señala el momento en que los minutos se sublevaron contra mí y decidieron quedarse en huelga permanente.
Me gustaría ser espejo, para ver del otro lado, la luz de tu mirada. Pero no lo soy, se hizo mil añicos cuando bruscamente lo estrellé contra el suelo, en uno de esos momentos de arrebato y furia, que todo ser humano tiene en ocasiones, cuando se mira y lo que ve enfrente no le gusta para nada. Y es que siempre son muy dolorosas, las verdades a la cara.
Me gustaría ser flecha, y atravesar tu corazón. Pero la cuerda de mi arco ya no tiene la fuerza necesaria que lo tensa y así poder lanzarme velozmente en la dirección adecuada que me permita ir en tu busca y encontrarte por muy lejos que te hayas ido.
Me gustaría ser astronauta, para subir a la luna y traértela como el mejor de mis regalos, o quedarme si es lo que tu quieres, en ella eternamente. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Me gustaría ser…

2-Nevando sobre los cedros.

Mientras los copos de nieve cubrían los cedros y los camuflaban bajo un gigantesco, brillante y cegador manto blanco, me di cuenta que me había quedado solo.
Al lado de aquellos imponentes árboles de firme presencia, yo al igual que ellos me quedé inmóvil como una estatua, paralizado por el penetrante frío que entraba por todo mi cuerpo y me atravesaba como una daga afilada y cortante que me llegaba hasta los huesos.
Poco a poco, la silueta de tu menuda figura se iba difuminando a cada paso que dabas, aunque todavía se podía adivinar la redondez perfecta de tus caderas, con aquel insinuante movimiento, tan “a lo cubano”, que siempre te caracterizaba cuando caminabas con esos pasos acompasados y ese ritmo premeditado tan “marca de la casa”, que mantenías al moverte. Esos pasos que irremediablemente te iban alejando cada vez un poco más de mí, sin que yo pudiera hacer nada por impedirlo.
Mis piernas se habían quedado heladas, al igual que mi corazón. Es curioso comprobar como el músculo cardiaco, en otro tiempo “corazón de bolero”, ahora se había transformado en “corazón de iceberg”.
También el resto de mi cuerpo se había quedado petrificado por aquel ambiente gélido que como dardo paralizante me llegaba hasta el alma, anestesiándola de tal forma, que lo único que podía sentir de ella, era su ausencia.
Y seguía nevando sobre los cedros, lentamente, fuiste despareciendo de mi vida, en silencio, hasta que llegó el día que me olvidé de ti por completo.
Ahora, cuando miro para atrás, las pocas veces que suelo hacerlo, pues no dejo que la nostalgia se apoderé de mí, ya que sería absurdo acordarse de lo que “quise que fuera, pero que nunca fue”, solo me acuerdo de los cedros, de la nieve y del frío, pero nunca de ti, hasta incluso hay veces que ya ni recuerdo tu nombre.
En mi vida sigue habiendo cedros y nieva sobre ellos, y acaban cubiertos por miles y miles de copos que los tapan, y muchas veces hace frío, mucho frío, pero ya no hay sitio para ti en mis pensamientos que al igual que mis sentimientos, también se han quedado helados por el tiempo.
3-Naufragando.
"El mar de la noche me arrastró cual barco a la deriva. En medio de la inmensidad del océano luché bravamente contra las gigantescas olas que amenazaban con engullirme. Con una mano cogí fuertemente el timón y con la otra mi inseparable botella de whisky y con cada trago insuflaba valor a mi vulnerable e indefenso cuerpo y lo disponía a plantar cara a los elementos.
Sabía que mi esfuerzo iba a ser inútil, pero tenía el firme convencimiento de vender cara mi derrota. Seguí luchando cuanto pude, pero de entre las salvajes y agitadas aguas, surgió inesperadamente una sirena que me atrapó y sin darme tiempo a reaccionar me llevó con ella al lecho marino en un viaje que al principio parecía hermoso, pero luego se tornó en desesperación y angustia cuando ella me dejó abandonado a mi suerte en el fondo del mar..."
"El frío de la soledad me congela como al pobre pollo en la nevera. Estoy como el perro perdido que ladra sólo en la pradera y nadie se entera. Ladra que te ladra y no hay quien lo sepa. ¡Maldita sea, ese móvil que no suena y ese mensaje que no llega!
Sólo, escuchando a Mark Knopffler y calentándome la azotea. Baladas suaves que no incitan a pelea, pero que me llenan la cabeza de ideas. Buenas si me llamas, quiere decir que te acuerdas y malas si pasas, por que entonces es que ni te enteras.
Y vuelvo a tener frío por que ya no me fío que vengas. Pero también me río, soy un perro que ladra, pero también caballo y hay más yeguas y otras cuadras".
"Derrotado por el amor y el destino, vencido como Aquiles, herido de muerte con la flecha en su talón y perdido como un arbejo en una ensaladilla, me retiro a mis cuarteles de invierno para seguir creciendo en la adversidad a la espera de tiempos mejores y resurgir como el Ave Fénix rescatado de las tinieblas del desamor y el fracaso.
También puede que vuelva como Alonso Quijano y me transforme una vez más en Don Quijote y salga en la noche en busca de mi Dulcinea, aunque al final acabe luchando como siempre contra esos enormes molinos de viento que siempre me impiden verla"



Resumen:

1-Realizar un ejercicio de imaginación y creatividad siempre resulta interesante, por eso es bueno muchas veces soñar despierto.
2-El transcurrir del tiempo nos hace olvidar el pasado, ya que quedarse anclado en él, no tiene ningún sentido, en especial cuando se trata de recuerdos desagradables.
3-Alguna cosas que les ocurren a los náufragos de la vida.


Web: http://lacomunidad.elpais.com/franalvarez
Email: franalvarez02@hotmail.com



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