blogs noticias

Encuentra rápidamente información entre los artículos publicados

Buscar en Internet

    Clasificados   Monografías   Empleos





rss feeds RSS / /

EL AMOR A LA FILOSOFÌA Y EL ESPIRITU CRÍTICO

Por Alvaro Mina Paz


EL AMOR A LA FILOSOFÌA Y EL ESPIRITU CRÍTICO
Una reflexión sobre la pedagogía de la filosofía y epistemología del pensamiento crítico

Por Álvaro Mina Paz

En este artículo me propongo abordar algunos asuntos relacionados con la elección de la filosofía como opción profesional de vida y reflexionar sobre algunos referentes asociados a la imagen de la filosofía de práctica en la actualidad.

Sin duda alguna, algunos hemos llegado a la filosofía motivados por un espíritu crítico, impulsados por las preguntas acerca del sentido de la existencia y del verdadero sentido de nuestro lugar en el mundo. Otros, han llegado por motivaciones ideológicas debido a una concienciación social o por intereses de orden político, interesados en la posibilidad de actuar políticamente en la vida como organizadores del establecimiento o renovadores del sistema. En fin, por la contradicción que les producían disciplinas como la matemática, la física o la química. Aunque en principio estas personas pudieran parecer las menos indicadas para el ejercicio de la filosofía, muchas de ellas se sorprendieron finalmente al descubrir que les interesaban los debates, los foros y las discusiones, cuyo abordaje precisa de rigor lógico propio del acervo matemático.

Lamentablemente, la definición del término filosofía se ha reducido en la mayoría de los casos a la traducción literal de “amor a la sabiduría”, ésta, desde luego, es una definición romántica. De ahí que, sea necesario aclarar de qué tipo de sabiduría se habla en la época de los griegos clásicos. Dado que, debemos admitir que el término difiere históricamente del nuestro en la actualidad, en estos días, sabiduría es sinónimo de vastedad en la información y desde luego, para los antiguos griegos la “sabiduría” era entendida como un “saber vivir”, haciendo buen uso de la razón y de la virtud de la prudencia para interpretar el mundo que nos rodea. De esta forma recordamos los usos y las aplicaciones que le daban a ella los siete sabios de Grecia, también conocidos como los siete sensatos o eruditos que vivieron entre los siglos VII y VI antes de la era cristiana y que se interesaron fundamentalmente por la ciencia, la política y la filosofía. Cave entonces mencionar a: Tales de Mileto, Bías de Priene, Pítaco de Mitilene, Cleobulo de Lindos, Periandro de Corinto, Quilón de Esparta y Solón de Atenas.

El término filosofía aparece por primera vez, como ya se observó en la Grecia Clásica. El vocablo es revelado en un pasaje, en donde León, príncipe de los Fliasos interroga a Pitágoras acerca de su significado: admirado el príncipe León por la novedad del nombre, le pregunta al sabio matemático de Pitágoras ¿Quiénes eran los filósofos? ¿Qué diferencia hay entre un filósofo y un simple mortal?; y Pitágoras responde haciendo uso de una analogía con la vida de los hombres que concurren a las festividades o feria de los juegos que se celebran con toda pompa en la época; al igual que allí, señala Pitágoras, unos participan haciendo gala de la destreza física en búsqueda de la gloria, otros traídos por la oportunidad del lucro y desde luego, el deseo de ganancias, compran y venden en procura del éxito mercantil; pero había una clase de hombres, y precisamente la formada en la mayor proporción por hombres libres que concurren en multitudes que no buscan el aplauso, ni el lucro del dinero, sino que acuden para ver y observar, constituyen el público, ávido y deseoso de diversión o entretenimiento; también nosotros, señala Pitágoras acudimos a las festividades en búsqueda de un interés distinto al lucro, la diversión, la fama, el éxito o la gloria. Los filósofos somos una minoría que, desprecia todos estos aspectos antes mencionados pero cuyo único afán y deseo, es conocer la naturaleza de las cosas, es decir qué es lo que mueve o motiva el interés por estas cosas.

Así, las cosas, para los griegos clásicos, la filosofía representa un afán de saber, saber libre y desinteresado. Pero no es un saber espontáneo, es un saber metódico, un conocimiento sistemático, un saber universal.

Otra fuente histórica da testimonio que cierta vez Solón, uno de los siete sabios de Grecia, visitó al rey de Creso, quién lo recibió con eufóricas palabras: “huésped ateniense, he oído que has viajado muchos kilómetros filosofando con afán de saber el porqué de las cosas”. De ahí que, Cicerón, definiera que todos aquellos que ponían sus afanes en la contemplación de las cosas, eran considerados sabios o filósofos.

Una definición más actual del término precisa que la filosofía es un saber crítico y el aprendizaje de ella, requiere de un agudo entrenamiento en operaciones intelectuales como la deducción, inducción, análisis, inferencia, etc. Entonces, ¿En qué sentido es crítica la filosofía? Lo es, y lo ha sido a lo largo de la historia en la medida que cuestiona las verdades, los supuestos y creencias que han construido los pueblos y nos obliga a asumir posturas rigurosas y sustentadas opiniones. Mucho más en la actualidad cuando haciendo uso de la argumentación se convierte en instrumento demoledor del dogmatismo.

Desde sus inicios fueron muchas las preguntas críticas relativas al acervo lexical de la filosofía. ¿Es la experiencia fuente del conocimiento? ¿Qué garantiza que los sentidos no nos engañan? ¿Cómo funciona la mente y las operaciones de la misma? ¿Qué mueve al cuerpo? ¿El espíritu es de la misma naturaleza que el cuerpo? ¿Cómo distinguir entre el bien y el mal? ¿Es la justicia una virtud suprema? Los anteriores interrogantes y otros formulados posteriormente a lo largo de la historia de la humanidad, han terminado con múltiples respuestas.

Aún hoy, se reformulen nuevas preguntas desde la reflexión filosófica, y las respuestas varían dependiendo del devenir histórico. El hecho de preguntar, de indagar convierta a la filosofía en un saber fundamentalmente teórico y acertadamente crítico. En nuestros días, acedemos a la filosofía a través de lecturas especializadas. Este asunto, desde luego, genera nuevas preocupaciones: ¿de qué forma la lectura de la obra del filósofo contribuye a la formación del espíritu crítico del joven estudiante y como superar la mera información? ¿Cuál sería el mecanismo de lectura para conseguir el propósito de desarrollar pensamiento crítico que supere toda actitud de pedantería intelectual?

Siento, en efecto, la necesidad de expresar que abrigo el temor, que los docentes de filosofía no estamos promoviendo espíritu crítico en nuestras instituciones educativas; temo que hayamos aceptado la sabiduría no como virtud en el buen sentido socrático, sino como un mero ejercicio de la pedantería intelectual y la erudición académica. Temo que los maestros, hayamos renunciado al ejercicio de crítica razona para permitirnos ejercer la autoridad en sentido aristotélico propio de edad media. Soy de los que creen que, negarnos el uso de la duda como lo propone el canón cartesiano sólo favorece el dogmatismo. Recordemos que el canón del cartesianismo se seculariza hacia un tipo de filosofía que no pretende sembrar creencias constructivistas o postulados antropocéntricos.

A pesar de lo expuesto anteriormente, con optimismo filosófico, propio del cartesianismo abrigo, abrigo la esperanza que el ejercicio de la crítica razonada, que debemos privilegiar en toda pedagogía de la filosofía, habilite a nuestros estudiantes para el ejercicio de un pensamiento renovador y transformador en la experiencia de la vida.

A esas digresiones me ha conducido la permanencia en la cátedra de filosofía. A lo largo de estos semestres académicos he contado con la oportunidad de orientar en la cátedra de filosofía muchas de estas reflexiones. Dado que nuestras sociedades latinoamericanas están en crisis y siempre lo han estado, según el buen decir de nuestros pensadores; el asunto central no es superar la crisis sino como la entendemos, como la comprendemos y desde luego cómo podemos contribuir a interpretar las posibles soluciones. Estas fueron las grandes inquietudes razonadas en el claustro universitario.

Parece lógico admitir que hay muchas teorías filosóficas que podrían ayudarnos a comprender la naturaleza de crisis Latinoamericana del presente. Pero ninguna tiene la respuesta al singular problema, esto significa que sólo en la medida que desarrollemos un pensamiento crítico desde la filosofía y para la filosofía, tendremos las estrategias fecundadoras de un nuevo paradigma del pensamiento filosófico.

De ahí que, distingo entonces entre filosofía crítica y crítica de la filosofía, como la que propone el canón del marxismo. Así como es prudente advertir la distinción de Barthes, cuando advierte que el escritor puede ser intelectual, como Estanislao Zuleta pienso yo, o profesor como los que abundan en nuestra Facultad de Educación. El filósofo es singularmente crítico pero el profesor de filosofía sólo lo será, si antepone la duda, si controvierte el sistema, si interpela las teorías leídas, y sobre todo, si se atreve a ver en forma distinta la realidad.

Se diría, pues, que el punto fundamental, es que los profesores de filosofía no buscan el fundamento para una crítica, asumen la vida como un hecho inmutable y desde luego las teorías filosóficas como un todo. Olvidan algo elemental que hay que conocer para transformar y que toda renovación parte de un conocimiento profundo de las cosas. De ahí que, toda filosofía crítica se interesa por combatir el dogmatismo, cualquiera que sea su naturaleza. Quien asume la filosofía en forma crítica lo que realmente le importa es mostrar que la filosofía es un punto de encuentro, de tolerancia al libre examen de las ideas.

Finalmente, quisiera concluir, con una pregunta relativa al “ethos” del filósofo y sus valores axiológicos. Ya he mencionado, al comienzo de este artículo, lo esencial: “criticidad”. Dado que el filósofo representa una institución que piensa y se repiensa, en la búsqueda de un saber mejorado que facilite comprender, interpretar y transformar su entorno. Luego entonces, ¿el profesor de filosofía debe ponerse al servicio de esta gran causa y no convertirse en simple caja de resonancia? ¿Deberá por tanto, ponerse al servicio de las nuevas generaciones que mantengan vivo el interés por una rigurosa tradición intelectual?. Es respecto de este punto que la epistemología rama de la filosofía, debe fundar una propedéutica para una pedagogía crítica que habilite el ejercicio de un pensamiento renovador.

Licenciado en Ciencias Sociales, especialista en Docencia Universitaria, docente de la Facultad de Comunicación y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali, autor de varios libros y artículos, con difusión nacional e internacional. Miembro activo del Grupo de Investigación en Comunicación y Violencia, GICOVI. Ponencia presentada ante los docentes del Departamento de Humanidades, Universidad Santiago de Cali.


Web: http://www.usc.edu.co
Email: almipaz@usc.edu.co



Artículos Destacados