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Reflotar la izquierda
Por Fabricio de Potestad Menéndez|
Nos parecía tener ya una democracia voluntariosa y practicable cuando en realidad estamos asistiendo a la última cena del franquismo o, si se prefiere, al final de la Transición. Y es que dopado de poder absoluto y lleno de avilantez y sofisma, el PP está entregando el alma del país a la Iglesia y el cuerpo a los mercaderes de Bruselas. No pretendo ser más preciso: la derecha española está volviendo enardecida a su origen, caminando hacia atrás, de espaldas al diálogo, al consenso y a la sensatez. Vuelve a ser la fuerza política cínica, totalitaria, la heredera del dictador que impide que la movida democrática y social se asiente definitivamente. No hicimos una revolución tan organizada y cargada de literatura como la francesa o una revolución tan radical y envenenada por Marx como la rusa, nos limitamos tan sólo a dar por finiquitada formalmente la dictadura, aunque conservamos a muchos de sus protagonistas, algunos de sus autoritarismos y su anacrónica confesionalidad que privilegia escandalosamente a la Iglesia y su influyente poder terrenal. En fin, no hicimos las cosas bien desde el principio y hoy nos encontramos con la democracia borbónica de lino y golf que montaran los dirigentes de la derecha con la connivencia de los socialdemócratas y de los comunistas, que pese a haber tenido una actuación inteligente y brillante en la clandestinidad, se disiparon clamorosamente, poniendo de relieve que lo que había en la sociedad española era antifranquismo, más que comunismo. Uno piensa, no sin cierta pesadumbre, que la restauración de la monarquía, aunque luego resultase eficaz y efectiva en algunos sentidos, fue una imposición caudillista que se debió haber rechazada. La derecha, no cabe duda, se adaptó mal, como pudo, al sistema democrático, sin creer en ningún momento en él. Y ahora se afana en buscar el tiempo perdido, abusando de su mayoría absoluta, para devolver a las mujeres al hogar y para poner a cada pobre en su esquina. Vamos, que la derecha ha venido a hacer la política liberal, europeísta y modernizadora que le hacía falta a España, que luego se ha visto que no es otra cosa que bajar el salario a los funcionarios, congelar las pensiones, suprimir los derechos de los trabajadores, subir los impuestos, condonar la deuda fiscal a los defraudadores, controlar la televisión pública y recortar las prestaciones sociales, la sanidad y la educación. Mientras, la corrupción prospera por doquier, la justicia se politiza y pierde cada vez más su independencia y su credibilidad, se privatiza el país, la banca se desmorona, la solidaridad se debilita y crecen alarmantemente el desempleo, los contratos basura y la exclusión social. Y es que el autoritarismo, la hipocresía y la fatal arrogancia de la derecha nos está llevando al caos. O sea. En este sentido, la derecha navarra no representa una excepción. Permítaseme poner un solo ejemplo. La reforma del sistema de urgencias rurales se desentiende de lo que es en la práctica médica una urgencia, que no es otra cosa que prestar la atención sanitaria debida a una demanda en la que la salud o incluso la vida de una persona están gravemente comprometidas, por lo que la respuesta apremia y requiere atención sin demora. Si disponer de profesionales adecuadamente preparados y de los medios técnicos necesarios resulta imprescindible, la celeridad en la respuesta en muchos casos es fundamental. Cualquier retraso puede suponer la muerte del paciente. Cada segundo cuenta. Cuanto más precoz sea la atención urgente, más resolutiva resulta. Es indudable, por tanto, que la guardia de presencia física en el servicio de referencia es mucho más rápida y eficaz que la guardia localizada en el domicilio privado. La izquierda no puede éticamente aceptar de ningún modo este recorte sanitario por muy envuelto que venga en papel de celofán. Uno puede estar equivocado, pero creo que ha habido una cierta apostasía de los partidos de izquierdas, y es que, en su mayoría, se han desideologizado. Han hecho una cierta renegación de sus propios postulados, hasta el punto de que se ha limitado a hacer civismo. Es decir, a cambiar un poco las cosas para que todo siga igual. O, más exactamente, que todo continúe igual pese a hacer los cambios necesarios. Si ahora España es un concepto reaccionario, es que nos hemos dejado robar España. Hemos identificado el país con la derecha, con los ricos y los banqueros, y no, eso no es el país. Sin embargo, ahora que todo va mal, ahora que la sacrosanta Transición democrática comienza a mostrar sus vergüenzas, cuando creemos que el país está dormido, surge de pronto una chispa de esperanza, de rabia, de indignación, de protesta o de respuesta, y esto nos permite confiar en que surgirán más chispas, surgirán más focos de rebelión y entonces puede conmoverse el sistema. No en vano tenemos la sangre, el temple, la temperatura y el clima de la gente harta. Esa es la única esperanza que nos queda frente a la victoria actual y absoluta de la derecha y del capitalismo. Hay que reflotar la izquierda urgentemente, o este país, además de descalabrarse a sí mismo, se va a convertir en una máquina infernal de producir y reciclar pobres. Fabricio de Potestad Menéndez Médico-Psiquiatra y escritor Web: http:// Email: ANABELZU@TERRA.ES |